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Virgen de la Oliva de Alonso Cano

Publicado por A. Cerra
Virgen de la Oliva de Alonso Cano

Virgen de la Oliva de Alonso Cano

El escultor Alonso Cano es uno de los grandes representantes del arte Barroco en España, especialmente en lo referente a la temática religiosa, ya que realizó infinidad de vírgenes e inmaculadas. Además de que su obra sirvió de referente para otros creadores posteriores, como su discípulo Pedro de Mena.

En este caso, la Virgen de la Oliva creada para la iglesia parroquial de Lebrija, en la provincia andaluza de Sevilla. Todavía se encuentra en ese templo, ubicada en su altar mayor, donde se conserva todo un retablo realizado por Alonso Cano, si bien inicialmente ese encargo se le hizo a su padre, Miguel Cano, en el año 1629. Aunque su progenitor, descubriendo pronto el talento innato de su hijo, decidió que fuera él quién acometiera el trabajo.

Estamos por lo tanto ante una obra de juventud, pero en la que ya se ven algunas de las constantes que marcarán toda la producción artística de este escultor.

Vemos una gran figura, que supera los 180 centímetros de altura y que por lo tanto es mayor al tamaño natural. Eso ayuda a que esta imagen realizada en madera policromada se nos muestre de lo más majestuosa e imponente.

La mujer está envuelta por un mismo paño desde la cabeza a los pies, creando una figura y silueta fusiforme, que es una especie de marca de estilo de Cano. Y en contraste, el Niño aparece totalmente desnudo, resplandeciendo su carne junto a la decorada tela del manto de su madre.

Toda la escultura nos transmite la idea de serenidad, con una mirada melancólica de María y un gesto sonriente de Jesús. Todo con suma naturalidad, como su escultura que en muchas ocasiones se ha definido como un fluir de líneas.

Como ya hemos dicho fue una obra de juventud todo el retablo de la parroquial de la Virgen de la Oliva, y aun así aquí creó varias de sus obras maestras. No solo la figura de esta virgen, sino también las de San Pedro o San Pablo, además de la de Cristo que corona todo el retablo, de una arquitectura realmente monumental y renovadora, que a partir de entonces iba a crear escuela en el arte andaluz y español.

Y ello pese a que las pinturas que albergan el retablo no son de gran calidad. Se trata de unas pinturas realizadas por el maestro Pablo Legot, de origen luxemburgués. También sería este artista quién pintaría el manto de la Virgen, sin embargo en el caso de esa escultura parece ser que se ciñó a un estricto planteamiento de Alonso Cano, quién incluso le dirigió el trabajo. Tal vez por eso, este sea uno de sus mejores trabajos.