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San Sebastián de Alonso Berruguete

Publicado por A. Cerra

Alonso Berruguete (1490 – 1561) seguramente sea el escultor del Renacimiento español de más calidad. Algo que de alguna forma le venía en la sangre, ya que era hijo de artista, del pintor Pedro Berruguete, autor de relevantes pinturas y retablos de temática religiosa, y con quien su hijo aprendió pintura.

San Sebastián de Alonso Berruguete

Sin embargo después optaría por la labor escultórica, para cuya formación no dudó en irse a Italia, donde estudió en profundidad la obra de los más grandes maestros renacentistas como Lorenzo Ghiberti, Donatello o Miguel Ángel.

Es decir, sobre todo se empapó del arte florentino, tremendamente realista y armónico, a lo cual sumó la expresividad característica de la escuela castellana. El resultado son obras como este San Sebastián tallado en 1532 y que hoy se expone en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Una obra que llama la atención por su expresionismo, pero también por su movimiento basado en las disimetrías y la línea serpentinata que también ha conocido en Italia. De hecho, Berruguete con obras como esta, o su Sacrificio de Isaac que también fue concebido como parte de un retablo, está creando lo que será el arte manierista en la escultura hecha en España.

Hemos dicho que esta escultura forma parte de un retablo más amplio. Fue el retablo de San Benito que se le encargó para el monasterio benedictino de Valladolid. Un conjunto que debió ser esplendoroso, y que incluso viendo cada parte por separado es fascinante por las innovaciones que aportó este artista.

Por ejemplo, en la talla de madera de San Sebastián, vemos un joven de líneas sinuosas. Ya ha sufrido el martirio de ser asaeteado, tal y como se ve por las heridas que han dejado las flechas, y ahora su cuerpo está casi muerto, apoyado en un tronco y resbalando por él, una sensación que consigue por la postura de las piernas y el tronco del santo.

Muchos han querido ver una similitud entre ese cuerpo, y un San Sebastián que pintó Leonardo da Vinci, y que actualmente se conserva en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. No obstante, lo que sí que es leonardesco es la forma de representar el cuerpo, ya que da Vinci, siempre dijo que para un cuerpo joven no había que detenerse en una musculatura fuerte, sino saber plasmar una encarnadura dulce con flexiones simples y miembros torneados.

Sin duda, el cuerpo de San Sebastián de Berruguete sigue esas pautas, las cuales de algún modo entrarían en contradicción con el gran referente de la escultura renacentista: Miguel Ángel. Un artista al que reverenciaba el autor español y que aquí, como en tantas y tantas de sus obras, le rinde tributo con la postura serpentinata que le da ese desequilibrio, que al fin y al cabo es lo que le proporciona vida a la figura.

Categorías: Escultura, Renacimiento