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Los tesoros medievales (III)

Publicado por Chus

Tabla de contenidos de Los tesoros medievales

  1. Los tesoros medievales (I)
  2. Los Tesoros medievales (II)
  3. Los tesoros medievales (III)

Otro grupo de ejemplos medievales considerados como tesoros son los libros manuscritos. En el siglo XII, cuando los centros artísticos más importantes estaban casi exclusivamente en manos del clero, las grandes biblias y los comentarios sobre diversos asuntos teológicos habían sido los libros que más se decoraban, pero a partir del siglo XIII se popularizaron nuevos tipos de libros, en paralelo al progresivo aumento de artistas laicos dedicados a esos menesteres. La mayoría eran pequeños libros, destinados al uso individual, sobre todo de miembros de la nobleza. Muchos eran Salterios (libros de salmos), Libros de Horas (libros de rezos privados hechos para personas concretas), Bestiarios (libros que relatan hechos y fábulas de animales), colecciones de Vidas de Santos y Apocalipsis. También gozó de amplia difusión la “Biblia moralizante”, una selección de textos comentados e ilustrados, como nos podemos encontrar en la “Biblia de Toledo”, ilustrado para la reina Blanca de Castilla. Tiene las páginas distribuidas en dos columnas de cuatro unidades cada una, conteniendo cada uno de los círculos una interpretación visual del párrafo del texto que tiene a su izquierda. Estas unidades compuestas por el texto y la ilustración, se ordenan por parejas que mantienen una relación entre sí. Se observan grandes paralelismos entre las páginas de esta biblia con las vidrieras del siglo XIII, como por ejemplo son la ordenación en las columnas paralelas con las distintas escenas enmarcadas en círculos, la utilización de una estructura geométrica simple que sirve de fondo alrededor de los redondeles, y el esquema básico de colores basado en el azul y en el rojo. De todas formas, algunos aspectos son exclusivamente característicos de los manuscritos, como el equilibrio entre el texto y la imagen visual, los efectos de los brillos creados por la utilización del pan de oro y no con la luz (como en la vidriera) y el virtuosismo del miniaturista que fue capaz de trabajar con tanta precisión en una escala tan pequeña.

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En el Libro del Apocalipsis del Trinity College de Cambridge, se observa un enfoque distinto al anterior. El libro se pintó en el siglo XIII, sobre un texto francés resumido de un comentario latino del Apocalipsis de un escritor llamado Berengaudus. El destacado papel que tiene la mujer en muchas de sus escenas, hace pensar que probablemente estaba destinado a una dama de la nobleza, quizás a la misma reina Leonor de Aquitania. En este libro, la escena ocupa la página entera, destacando los colores rojos y azules de fuertes tonalidades y la profusión del pan de oro. En el mundo medieval el oro no solamente significaba riqueza, sino que en el arte cristiano solía simbolizar la luz del otro mundo, evocando un lugar luminoso y claro, superior al plano terrenal. Aparecen representaciones arquitectónicas contemporáneas, con arcos apuntados y gabletes ojivales y el estilo de las figuras es elegante, se las presenta con posturas agitadas y gestos vigorosos, cuyos ropajes están dispuestos a base de amplios plegados y las cabezas un tanto abombadas. Hay tímidos intentos de representar tridimensionalmente algunos objetos, pero no se intenta siquiera situar los grupos de figuras dentro de espacios que tengan profundidad, característica esta frecuente en el mundo medieval.

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