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Museografía didáctica

Publicado por Virginia

Ya se ha visto que una de las funciones inherentes al museo es, además de la difusión, la educación, cometido principal además desde los años setenta del s.XX; pues bien, una de las formas de materializar esta función pasa por el diseño del propio museo y sus exposiciones, es decir, por la museografía. El aspecto visual concebido como un medio de comunicación es un planteamiento novedoso, que se viene siguiendo en España desde hace tan sólo unas décadas, pero que a día de hoy resulta incuestionable.

Exposición Habitar el mundo, Forum Barcelona 2004

Hay que señalar que la labor de los diseñadores/museógrafos no siempre es fácil, puesto que en muchas ocasiones se ven coartados por la visión del historiador o del comisario, la cual suele disfrutar de un mayor peso. En este punto se plantea un problema que necesita de una actitud de consenso para poder ser solucionado: una exposición carente de contenido puede caer en el caso de convertirse en una mera atracción para el visitante, sin ningún aporte más que el que pueda proporcionar el simple divertimento, pero tampoco puede adecuarse a la visión de «libro en las paredes» al que obligaría el desarrollo que muchos historiadores proponen. Lo cierto es que suele decirse que, por lo general, no es el que más sabe el adecuado para transmitir el conocimiento en un museo; la razón es bien sencilla: una persona dedicada durante años al estudio de un tema concreto deseará transmitir todo lo aprendido de una sola vez y de la manera más completa posible, algo inviable en un museo o exposición si se desea que el visitante no muera de aburrimiento y vuelva a pisar alguna vez en su vida un centro de estas características.

Existen unas reglas básicas a tener en cuenta a la hora de establecer este diálogo entre lo expuesto y el público, bases para que dicha comunicación pueda resultar efectiva de entrada: en primer lugar, no se puede presentar una obra, un contenido, de una forma totalmente aislada a los intereses del visitante; se hace preciso pues un ejercicio de empatía con el objeto. Junto con esto, hay que tener en cuenta que la exposición debe poseer un tema y un discurso, que no deberá perderse de vista en ningún momento, evitándose así problemas como el del llamado efecto «parque de atracciones»; así, la muestra debe estar dotada de contenido. Y, finalmente, se debe contar con la imagen a transmitir, con el aspecto formal con el que se jugará para una mejor transmisión de dicho mensaje; la «atmósfera» será de una gran importancia en este caso.

Los recursos con los que cuenta la museografía didáctica son enormes, y avanzan además en función de los adelantos que en materiales y medios tecnológicos se realizan: paneles, audiovisuales, diaporamas, recreaciones, representaciones, proyecciones, etc. Igual sucede con los profesionales encargados de llevar a cabo este trabajo: las posibilidades atañen a diseñadores, escenógrafos o arquitectos, esto sin contar que en ocasiones un presupuesto limitado incluye al propio equipo del museo en las labores de diseño de exposiciones, muchas veces con un excelente resultado (sin embargo, esto es algo factible tan sólo en lo que respecta a aquéllas poseedoras de un carácter temporal).

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