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Adoración Trinidad, Durero

Publicado por Laura Prieto Fernández

En una entrada anterior dedicada a la obra que lleva por título El martirio de los diez mil hombres ya señalamos que, si bien el artista renacentista Alberto Durero fue uno de los grandes pintores de su tiempo, las composiciones con un gran número de personajes no era precisamente su fuerte de hecho, el artista trataba de evitarlas porque era consciente que la disposición del conjunto no terminaba de estar a la altura con respecto a sus otras producciones. Sin embargo, en esta ocasión analizamos un nuevo lienzo -incluso con más personajes que la obra anterior- cuya composición presenta una calidad muy superior al de su compañero, en esta ocasión se trata del lienzo La Adoración a la Santísima Trinidad que data de principios del siglo XVI, concretamente del año 1511.

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La obra se trata de un retablo realizado en una técnica conjunta de óleo y temple sobre madera que mide más de ciento treinta y cinco centímetros de altura y unos ciento veinte tres centímetros de anchura; la composición es rectangular pero la parte superior de la misma se ha dispuesto de modo semicircular favoreciendo la colocación de los personajes y de la distribución del conjunto final.

Parece ser, que el retablo fue encargado por Matthäus Landauer, un próspero comerciante, para que decorase la Capilla de Todos los santos en el Hogar de los Doce Hermanos, un hospedaje que albergaba a los artesanos y comerciantes que habían quedado arruinados. No obstante, algunos historiadores del arte afirman que el encargo del comerciante debió de realizar unos años antes, concretamente en torno al año 1508 ya que existe un dibujo preparatorio de la obra que data del año 1508 y que en la actualidad se encuentra en el Museo del Conde Chantilly.

Durero nos muestra a la Santísima Trinidad -Dios Padre en majestad se coloca detrás de Jesucristo crucificado mientras que la paloma del Espíritu Santo se dispone delante de ellos- rodeada por una numerosa corte de santos, profetas, padres y doctores de la Iglesia… todos ellos se disponen formando un círculo que favorece la disposición de las figuras. Además se pueden apreciar tres registros distintos en altura: el cielo, un espacio intermedio y el mundo terrenal en donde Durero sitúa al espectador y se representa a sí mismo para introducirnos en el lienzo y mostrar una cartela en la que aparece su nombre y la fecha del retablo.

Algunos autores han hablado de las semejanzas compositivas entre este retablo y el fresco que Rafael de Sanzio pintó en la Estancia de la Signatura del Palacio Vaticano, La disputa del sacramento; no obstante, las fechas entre ambas piezas no parecen cuadrar lo que nos indicaría que se trata de una simple coincidencia.

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