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Autorretrato de Rembrandt

Publicado por A. Cerra

En esta pintura se inmortalizó el gran pintor holandés en los últimos años de vida, concretamente en 1666. Lo cierto es que Rembrandt se realizó numerosos autorretratos a lo largo de toda su vida (1609 – 1669), y siempre se nos presenta con un enorme realismo. No oculta en absoluto que no era precisamente una persona hermosa, jamás disimuló su fealdad, y mucho menos en los autorretratos que se hizo ya con una edad avanzada.

Autorretrato de Rembrandt

Autorretrato de Rembrandt

Su actitud ante estas obras, como en general a lo largo de toda su intensa producción artística, fue de una sinceridad absoluta. Y precisamente por esa sinceridad, al observar este cuadro, pronto dejamos a un lado el aspecto estético del personaje y comenzamos a valorar su inmensa maestría pictórica.

Lo que vemos al contemplar la obra es el verdadero rostro de un ser humano. No posa, ni muestra ningún atisbo de vanidad, simplemente contemplamos a un hombre que se pinta a sí mismo, escrutando en profundidad sus facciones físicas y también los recovecos de su alma, todo ello con el espíritu de intentar aprender algo de lo que ve. En realidad, podría considerarse una actitud similar a la que tienen los asistentes a su célebre Lección de anatomía del doctor Tulp.

Toda la complejidad de su personalidad, él la observa al mirarse para retratarse y logra plasmarla en la imagen, y no solo eso. Sus ojos, sabios como pocos lo han sido a lo largo de muchos siglos de la Historia del Arte nos transmiten esa profunda forma de mirar. Vemos el rostro y los ojos de un hombre sabio, por su edad y por su carácter, pero también los de un hombre que ha sufrido reveses a lo largo de su vida, ya que si en su juventud alcanzó el éxito como pintor, lo cierto es que en los últimos años de su vida vivió en una situación económica bastante precaria.

Porque tras la muerte de su primera esposa en 1642, aunque heredó una considerable fortuna, la verdad es que el número de sus encargos empezó a disminuir, en parte por esa forma suya de mirar y de pintar con excesivo realismo. Algo que alcanza cotas impensables y no muy del gusto de la época en obras como Mujer en el baño. De esta manera pronto empezó a generarse más deudas que ganancias, hasta que en los últimos tiempos los acreedores hasta vendieron su casa y subastaron la colección de obras artísticas y de curiosidades que había acumulado en los tiempos de bonanza, época en la que ciertamente fue bastante derrochador.

Esa situación tan solo se alivió durante un tiempo gracias a su segunda esposa, pero ésta también falleció antes que él, en el año 1663. Y precisamente a esta última época de penurias pertenece este autorretrato, que nos transmite parte del triste momento en el que vivía, pero en el cual su arte había alcanzado una plenitud rotunda y única.

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