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Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Publicado por A. Cerra
Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Esta obra al óleo y con soporte de tela la pintó Rembrandt van Rijn en el año 1635, y en la actualidad forma parte de la colección del Museo de Dresde en Alemania. Se conserva en la Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, donde figura con el título “El hijo pródigo en la taberna (Rembrandt y Saskia)”, óleo sobre lienzo fechado en 1635. Esta precisión de catálogo explica la doble denominación empleada en publicaciones y cartelas.

Rembrandt se autorretrató en numerosas obras a lo largo de su vida, en ocasiones en solitario, y otra veces, como esta vez acompañado.

A este lienzo se suma un aguafuerte de 1636, en papel, conocido como “Autorretrato con Saskia”, una estampa distinta que, por su título, suele confundirse con el cuadro de Dresde. Conviene distinguir medio, fecha y soporte, porque el grabado pertenece a su producción gráfica y circuló como impresión.

Todos los historiadores que han estudiado la enorme producción de obras de este genio holandés del arte barroco, no han dejado de sorprenderse por el elevado número de obras en las que se representó.

Es habitual en los pintores históricos que al menos una vez se autorretrataran, a veces incluidos en una escena o como retrato propiamente dicho. La razón es que los artistas al pintar un rostro no buscan únicamente el parecido con la realidad, sino que pretendían que la pintura de unas facciones fisionómicas y unas expresiones les permitiera plasmar el carácter de ese personaje y su mundo interior, y sin duda a quién mejor conocen para ello es a sí mismos.

En este sentido, los muchos autorretratos de Rembrandt nos permiten conocer la evolución de su personalidad con el paso del tiempo, y desde luego conocer algunos de los episodios más relevantes de su biografía, como en este caso el matrimonio con su amada esposa Saskia.

Rembrandt se casó con Saskia van Uylenburgh en 1634, de modo que el lienzo de 1635 pertenece a los primeros años del matrimonio en Ámsterdam. Ese contexto cronológico refuerza el carácter íntimo y festivo que describe el texto.

De hecho, en este caso es una de las pocas ocasiones en las que Rembrandt se pinta a sí mismo sonriendo y feliz, celebrando la vida, bebiendo una cerveza y con su mujer sentada a las rodillas, dándose la vuelta y como sorprendiéndose de que están siendo pintados. Casi como si se les hiciera una fotografía de manera totalmente espontánea durante una fiesta, ya que toda la decoración, los lujosos vestidos de ambos personajes, el banquete que hay sobre la mesa, nos los ubica en un momento de celebración.

La interpretación más extendida identifica la escena con la parábola del Hijo Pródigo en una taberna, con Rembrandt tocado con sombrero emplumado y atuendo de época y con Saskia sobre sus rodillas. El claroscuro concentrado, la luz cálida en rostros y metales y los toques pastosos en telas son rasgos de su pintura de los años 1630.

En realidad, Rembrandt no solo posó para él muchas veces, también lo hicieron tanto su primera esposa Saskia como su hijo Titus, cuyo retrato se supone que protagoniza su obra La novia judía. Y más tarde, también su segunda mujer Henridkje, igualmente aparecería en sus obras. Sin duda, esas presencias tan recurrentes de familiares, es algo muy corriente en muchos pintores de todos los tiempos. Por una parte hay que entenderlo por razones económicas y de comodidad, es decir, no había que contratar modelos profesionales, siempre estaban dispuestos a posar, y además con ellos se podían experimentar composiciones o técnicas que quizás no serían aceptadas en encargos remunerados. Pero además en obras como esta, de un carácter tan festivo, elegir a la esposa como modelo de la obra también es una muestra de amor y de homenaje.