Arte

Bird Effort de Pollock

Publicado por A. Cerra

Jackson Pollock (1912 – 1956) está considerado la máxima figura en Estados Unidos del estilo denominado Expresionismo Abstracto. De hecho, ya en vida, a finales de la década de los años 40, alcanzó fama mundial por sus particulares técnicas de trabajo llamadas action painting, splashing o dripping. Unos métodos que consistían en por ejemplo no pintar sólo con el gesto de la mano sino con todo el cuerpo, o lanzar pintura sobre los lienzos o dejar que goteara sobre la tela sin que hubiera un boceto previo.

Bird Effort de Pollock

Bird Effort de Pollock

Todas esas técnicas supusieron una revolución en la pintura estadounidense y las realizó con el apoyo de su gran mecenas, la famosa Peggy Guggenheim. Fue ella precisamente la que le prestó el dinero para adquirir una casa en East Hampton. Allí se trasladó en 1945, buscando alejarse del bullicio de la gran ciudad pero a tan sólo unas dos horas del centro de Nueva York.

En esa residencia convirtió el granero en su estudio de pintura, y allí pintó esta obra en el año 1946. Hay que tener en cuenta que por aquellos años, Pollock ya se estaba convirtiendo una celebridad, algo que no le fascinaba precisamente al artista. Por esa razón fue muy importante que se instalara en este lugar, que le ayudó a identificarse con la naturaleza. Y también fue el espacio que hizo que concibiera sus obras con su característico estilo all-over, con el cual ocupa toda la superficie de la tela, olvidándose de la tradicional idea de una composición en la que se relacionaran las distintas partes de un cuadro.

Además su contacto con la naturaleza a través de los largos paseos que se daba por la zona también hizo que su paleta de colores se volviera paulatinamente más clara y variada. De todo ello es un buen ejemplo este Bird Effort. Aquí la tela se convierte en una superficie extremadamente caótica y confusa, en la que de vez en cuando aparecen tonos ocres que logran dar cierta tranquilidad a la imagen, en la que predominan los contrastes entre tonos primarios de rojo, amarillo, azul y verde.

Ese colorido lo aplica a partir de pinceladas gruesas y se corta con densas líneas negras que recorren todo el cuadro. Pero se trata de unas líneas que no pretenden darle un contenido figurativo a la obra. Más bien es la imaginación del espectador la que ha de crear esas figuras entre tanta línea y color.

Y es que la pintura de Jackson Pollock, como las de otros artistas contemporáneos integrantes del Expresionismo Abstracto, como es el caso de Mark Rothko, no tenía ninguna relación con la forma o el tamaño del lienzo. E incluso lo llegaba a recortar o ajustar para satisfacer a la imagen que había creado. Esto ya se nota aquí, pero será mucho más acusado en los años siguientes, cuando ya de forma definitiva se decante por abandonar el caballete y el pincel y opte por su famoso action painting y cree algunas de sus obras más emblemáticas como El Bosque Encantado, que realizó tan sólo un año después.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX