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Bodegón con libros de Jan Davidsz de Heem

Publicado por A. Cerra

Bodegón con libros de Jan Davidsz de Heem

Jan Davidsz de Heem (1606 – c. 1684) fue un artista especializado en realizar naturalezas muertas. Las hizo con los más peculiares elementos. Desde luego que hizo muchos bodegones a base de esplendorosos repertorios de alimentos donde no faltaba el colorido brillante de frutas y verduras, acompañadas del brillo de lujosas vajillas y cerámicas. Pero también hizo multitud de cuadros donde solo había flores. O pintó en varias ocasiones curiosos bodegones protagonizados por los libros. Como por ejemplo la obra que os mostramos aquí. Un cuadro que realizaría entre los años 1625 y 1630, y que hoy se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

Estilísticamente se caracteriza por saber fundir tanto las tradiciones de la pintura holandesa como de la flamenca. De hecho, él nació en los Países Bajos y vivió en diferentes ciudades de esa zona, pero acabó asentado en Amberes, territorio de la actual Bélgica, donde falleció.

Fue en sus inicios cuando cultivó especialmente la temática de los bodegones con libros. En especial durante los años de juventud en los que se asentó en la ciudad universitaria de Leyden, donde este género era especialmente querido. Además él solía incorporar en sus naturalezas muertes algún instrumento, como el laúd que vemos en esta ocasión. Un elemento que alude a dos cosas. Por un lado, podría ser una especie de homenaje a su padre, que era músico. Aunque la incorporación de instrumentos musicales también tenía un significado comúnmente reconocido, ya que se interpretaban como el símbolo del arte más efímero que existe, y por lo tanto como imagen de la brevedad de la vida y también de la vanidad con la que se desenvolvía ciertos personajes eruditos y cultivados.

Lo cierto es que en estos primeros bodegones de juventud, sea por el espíritu del momento o por la temática de los libros, se trata de naturalezas muertas bastante austeras y dominadas por el colorido ocre en mobiliario y cubiertas, mientras que los tonos claros se dedican para las páginas abiertas de las publicaciones que muestra. Sin embargo, con el paso de los años, su paleta se fue enriqueciendo de una forma casi exponencial.

Fue incorporando flores de todo tipo de tonos, frutas, carnes, jarrones, vajillas, metales en bandejas o tazas, así como paisajes de fondo o esmeradas arquitecturas. Fue barroquizando y complicando su pintura. Siempre con una absoluto dominio por la representación más minuciosa. Y todo cada vez más opulento y suntuoso, lo cual no dejaba de ser la traducción de lo que le demandaban sus clientes, los ricos burgueses de las ciudades del norte de Europa que en el siglo XVII vivieron una época de esplendor con el comercio.