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Bodegón con salmón, limón y recipientes de Luis Egidio Meléndez

Publicado por A. Cerra

Luis Egidio Meléndez (1716 – 1780) lo podemos considerar el gran pintor de naturalezas muertas del siglo XVIII en España. Con obras como la que aquí mostramos, u otras igualmente destacables como es el caso del Bodegón de besugos y naranjas, se convierte en el mejor heredero de las naturalezas muertas de Zurbarán.

Bodegón con salmón, limón y recipientes de Luis E. Meléndez

Y es que verdaderamente este artista fue un prodigio de la técnica, perfecto dominador de los pinceles para saber crear texturas de los más variados elementos u objetos, desde frutas o cortes de pescado como el que aquí vemos hasta las vajilla, en la que podemos identificar sin problemas los materiales cerámicos o metálicos en los que están elaborados los originales. Una habilidad que era casi innata en él, pero que alcanzó un absoluto dominio con el paso de los años, como vemos aquí, ya que el bodegón con salmón, limón y recipientes es un obra de madurez, al estar datada en 1772.

De alguna forma esa especialización en el bodegón delata el espíritu artesanal que tenía Meléndez de la pintura, ya que venía de una familia de pintores. Eso sí, de pintores especializados, ya que su padre destacó como miniaturista y su tío como retratista.
En cambio, Luis E. Meléndez optó por las naturalezas muertas, tras probar diversos géneros. E incluso no fue ni siquiera su primera opción, ya que no hay bodegones suyos datados con anterioridad a 1760.

Precisamente ese año comenzó una larga serie de bodegones para el Palacio de Aranjuez, a la cual pertenece este cuadro que hoy conserva el Museo del Prado de Madrid. En esa serie de bodegones, el pintor quiso hacer un gran muestrario de los alimentos de España, o como él mismo pintor dijo “un divertido gabinete con toda la especie de comestibles que le clima español produce”. Unos cuadros que por cierto hoy están diseminados por grandes museos de medio mundo, y en los cuales se ve que siempre hay algo que destaca. En este caso es el salmón, y en torno a él giran el resto de cosas que representa, lo cual le da gran unidad a cada imagen.

En todos los bodegones del pintor se nos muestra con un artista entregado a su oficio y se puede valorar que los hacía siempre tras un estudio previo en el que reflexionaba sobre la composición, colores y luz de cada imagen. No se ve precipitación, improvisación ni frivolidad, algo muy de valorar profesionalmente, pero que no le ha favorecido de cara la crítica artística y de historiadores, ya que se le suele definir como un pintor preciso pero sin poesía. Sin embargo, últimamente Luis E. Meléndez es un pintor algo más considerado, y es que no solo la creación artística se somete a las modas de cada época, ocurre lo mismo con la crítica.

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