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Bodegón con cafetera de Pissarro

Publicado por A. Cerra

Camille Pissarro pintó muy pocos bodegones a lo largo de carrera. En concreto, solo están catalogados 7 de los más de 1.300 cuadros que se le han atribuido. Y posiblemente el más valioso de todos ellos sea este titulado Bodegón con cafetera. Una obra pintada en 1900 y que en la actualidad forma parte de la colección del Museo del Ermitage de San Petersburgo en Rusia.

Bodegón con cafetera de Pissarro

De toda la imagen seguramente el elemento que más llama la atención sea el fondo del cuadro. Un fondo que en realidad sería un tejido muy decorado con formas vegetales y animales que desde luego recuerdan a una tendencia estética muy de la época: el japonismo.

Y no es el único elemento que recuerda la moda de lo japonés. También hay que incluir la bandeja negra lacada que hay sobre la mesa con un mantel blanco y que ocupa gran parte de la zona baja del lienzo.
Sobre esa bandeja están los elementos que conforman el bodegón en sí. Una cafetera, una azucarero, un poco de mapa, cubiertos,… Cada uno de ellos elegido para la ocasión. Mientras que en sus paisajes y sus pinturas a plein air, donde Pissarro podía hacer series de un mismo motivo fuera urbano como el Boulevard de Montmartre o rústicos como sus vistas de Pontoise, en el caso de sus bodegones no repetía motivos.

Hacía una composición para cada ocasión. Y para esta naturaleza muerta eligió sin duda unos objetos que había de interactuar y combinar con el fondo ornamental de la tela. De hecho, podemos decir que este es el cuadro más decorativo que hizo Pissarro en toda su vida.

Por cierto son objetos que no son de una gran calidad, y casi desparejados entre sí, por lo que los investigadores suponen que el pintor realizaría esta tela durante su estancia en Normandía durante el verano de aquel 1900, ya que aprovecharía lo que tenía a mano en su casa de vacaciones. Un momento en el que seguramente no terminaba de entender los bodegones de Paul Cezanne, pero que admiraba. Y de alguna forma buscaba plantear juegos similares de formas y colores, si bien no lo hace de un modo tan metódico como Cézanne, que por entonces no dejaba de experimentar con este tipo de bodegones, los cuales iban a ser la base del posterior cubismo.

Lo de Pissarro es más intuitivo , y desde luego con una técnica muy propia del arte impresionista. Es por eso se ven relaciones como por ejemplo entre el blanco del mantel arrugado y los débiles brillos en el cuenco verde o en la taza blanca de porcelana.

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