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Primavera en Pontoise

Publicado por A. Cerra

La localidad de Pontoise era el lugar predilecto de Camille Pissarro para pintar al aire libre. E incluso hasta allí atraía a sus seguidores, ya que Pissarro pronto contó en París con un grupo de seguidores de su arte. Sobre todo era alumnos de la conocida Academia Suiza en la que estuvo varios años de 1859 a 1870. Si bien con algunos mantuvo el contacto posteriormente, y por supuesto que él seguía yendo a Pontoise a pintar, como lo demuestra esta tela de 1877, y que forma parte de la espectacular colección de pintura impresionista del Museo de Orsay de París.

Primavera en Pontoise de Pissarro

Y ciertamente estamos ante una tela del pleno Impresionismo. El único interés del pintor a la hora de afrontar este cuadro es dejar constancia de ese momento concreto, con una luz y unos colores determinados. Es decir, dejar la impresión de ese día de primavera. De hecho, el mismo huerto y la misma vista la hizo en otras condiciones determinadas. Una idea de serie que luego trasladaría a sus paisajes urbanos como son los cuadros dedicados al Boulevard Montmartre de París.

En este caso vemos como la primavera llega a ese lugar todavía con temperaturas frías y con una atmósfera bastante pesada y plomiza. Aún así ya se comienza a ver flores en algunos árboles. Ese es el escenario, pero a él le interesa esa luz y color, para lo cual usa tonos fríos un pincelada muy fácil y suelta, renunciando por completo a cualquier línea de dibujo.

Es una obra de un Impresionismo ya triunfante, y es precisamente es los muchos cuadros que hizo en Pontoise donde podemos ver como su arte va evolucionando, para llegar finalmente a cuadros como este.
Y es que al principio en sus paisajes rurales siempre se veían elementos humanos, desde personas trabajando en el campo hasta carretillas y otros útiles. Era como si tomara el paisaje en el punto que lo dejó Millet o los artistas de la Escuela de Barbizon. Pero a partir de ahí, de forma paulatina esos elementos humanos se fueron empequeñeciendo, hasta prácticamente desaparecer de la tela. La razón es que ya no le interesaba tanto la escena como el ambiente, la atmósfera, las luces y colores de ese lugar y en ese instante preciso.

Una evolución que años después le llevó a instalarse en las técnicas puntillistas creadas por Georges Seurat. Si bien posteriormente regresó a sus planteamientos impresionistas tanto para los paisajes urbanos como en el medio natural. Unas escenas que le han convertido en uno de los pintores más célebres de este movimiento artístico.

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