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Pastos de primavera de Segantini

Publicado por A. Cerra

En muchas ocasiones al hablar de la corriente postimpresionista del Puntillismo también se la denomina Divisionismo. Pero si se habla con propiedad el Puntillismo sería el estilo de Georges Seurat, Paul Signac y otros artistas franceses, mientras que el Divisionismo vendría a ser la versión italiana de ese estilo.

Pastos de primavera de Segatini

Como tal surgió en la Primera Exposición Trienal de Milán de 1891, y supuso para los artistas italianos un modo revolucionario de entender el color. Fueron pintores como Gaetano Prevati o Giovanni Segantini los que abrieron este camino. Y de este último mostramos aquí su cuadro Pastos de primavera realizado hacia el año 1896 y que hoy cuelga de la Pinacoteca de Brera en Milán.

A estos dos pintores les seguirían posteriormente otros como Pellizza de Volpedo, Lognoni o Morbelli. E incluso los futuristas Boccioni, Balla o Severini dieron sus primeros pasos en la pintura según este estilo.

La esencia de esta corriente era dividir los colores para después combinarlos. De esta manera se lograba captar mejor la luz, y hasta aumentaba la luminosidad, o como decían ellos: “el aire corre entre las figuras”.

El Divisionismo técnicamente se caracteriza por la proximidad de colores “descompuestos”, extendidos en puntos aplicados mediante unas manchas de tamaños variables. Estas manchas las une el ojo del espectador si se sitúa a la distancia adecuada, y no solo eso sino que acaban confundiéndose y desprendiendo un fulgor excepcional. Todo muy parecido al Puntillismo francés, pero en Italia lo cierto es que se realiza de un modo mucho menos científico. Eso lleva a que cada artista tenga su propio estilo.

Más que los artista se debería considerar que el gran impulsor de esta corriente italiana fue el galerista Vittore Gribucy, que fue quien convenció a Segantini para que experimentara con la división de colores. Algo que llegaría a dominar este artista como se puede ver en obras como la que mostramos aquí.

Como base técnica, él usa una pincelada filamentosa con la cual va definiendo las formas y reproduciendo los efectos lumínicos, en su caso, siempre muy intensos y vibrantes. Y ciertamente, Segantini era un verdadero maestro del color y para apreciarlo basta con fijarse en la hierba del prado, donde desde la cercanía al cuadro se pueden apreciar innumerables matices en sus pinceladas de verdes y amarillos.

Pero el color y su dominio no son más que la herramienta, al igual que las teorías sobre su descomposición, ya que lo importante es el resultado final donde opta por pintar escenas cargadas de lirismo y quietud, y donde suelen haber una atmósfera simbolista, muy propia de esta época en toda la pintura europea.

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