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Primavera en el Prater de Tina Blau

Publicado por A. Cerra

Primavera en el Prater de Tina Blau

Tina Blau viene a ser algo así como la representante del estilo impresionista en Viena. Y ciertamente su arte, como se puede ver en esta tela de Primavera en el Prater, tiene muchos puntos en común con obras de Monet o Pissarro, pero curiosamente nunca contactó con ellos.

La artista nació en la capital austriaca en 1845, en el seno de una familia de ideales liberales, con dinero y avanzada intelectualmente. Por ello no pusieron reparo alguno en que la niña se dedicara a la pintura, e incluso le pusieron un maestro particular para ella cuando era una adolescente. Algo por otra parte necesario, ya que por ser una chica no podía acudir a la escuela de bellas artes oficial.

Pronto demostró todo su talento para la pintura de paisaje y en cuanto tuvo oportunidad emprendió diversos viajes por Europa para seguir mejorando su arte y ampliar sus horizontes. Viajó a Transilvania, en la actual Rumanía, también hizo un largo viaje por Holanda. Y lo curioso es que todas esas experiencias las realizó siendo soltera, algo nada habitual en el siglo XIX. Lo cual nos da una idea del carácter valiente de esta mujer. Y además tuvo la fortuna de que cuando se casó, lo hizo con otro pintor Hienrich Lang, quien supo darle la necesaria libertad creativa a su esposa.

Su estilo, siempre pintando al aire libre, se ha denominado impresionismo emocional. Y posiblemente este cuadro Primavera en el Prater que realizó en 1883 sea el mejor exponente. Una obra que hasta recibió un premio en el Salón de París de aquel año. Si bien es cierto que fue una de las pocas veces que su fama como artista cruzó las fronteras austriacas.

Sin duda el hecho de ser mujer no le favoreció, aunque eso no le amedrantó en sus intenciones y su actitud ante la vida. Por ejemplo, si a ella se le había negado la posibilidad de entrar a entrar a una escuela artística junto a otros niños y jóvenes, ella cuando adquirió prestigio decidió abrir su propia academia femenina de pintura donde impartió clases desde su fundación en 1897 hasta 1915. Es decir, casi hasta su muerte, ya que falleció al año siguiente.

Durante todos esos años, ella no dejó de pintar sus paisajes. La inmensa mayoría en Viena, y en parajes de la capital como el parque del Prater o los jardines de los diversos palacios vieneses, como el propio Belvedere, que en la actualidad conserva y expone el cuadro que aquí nos ocupa.

Pero además de esos lugares, nos ha dejado numerosas obras de otros lugares de Austria, tanto de su zona alpina como de parajes bañados por el gran río Danubio. Así como plasmó con sus pinturas otras zonas de Europa, desde Italia o Hungría, hasta Bohemia o Múnich en Alemania donde vivió un tiempo con su marido.