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Mujer en el huerto de Pissarro

Publicado por A. Cerra

Camille Pissarro pintó en diversas ocasiones escenas agrícolas, como en este caso o en obras como Las Recolectoras de manzanas. Y es precisamente en este tipo de composiciones donde manifiesta su particular cercanía al estilo postimpresionista del Puntillismo.

Mujer en el huerto de Pissarro

Este lienzo de Mujer en el huerto que posee el Museo de Orsay de París es un magnífico ejemplo de ello. Una obra que realizó en 1887, cuando el gran representante del estilo puntillista, George Seurat, ya había hecho su obra más emblemática: La Grand Jatte.

No obstante, en el caso de Pissarro su Puntillismo o Divisionismo es más intuitivo y mucho menos científico del de Seurat. Está claro que usa la división de puntos de luz con respecto a los puntos de color. O que también emplea la irradiación de los colores, que se van degradando conforme se alejan del espectador.

Sin embargo, Pissarro es un artista impresionista. Tremendamente particular y personal, pero impresionista al fin y al cabo. Por ejemplo, este cuadro posee un dinamismo del que carecen las mejores creaciones del puntillismo postimpresionista, bien sean de Seurat o cualquiera de sus seguidores con Paul Signac al frente. Ese dinamismo se debe a varios factores. Por ejemplo, Pissarro no descompone todo en puntos, sino en comas, algo más natural a la hora de aplicar el pincel cargado de pintura.

Por otro lado, hay un elemento que le proporciona movimiento por lo que representa en sí. Se trata de la propia mujer, que va a atravesar el huerto y parece que va acercarse hasta nosotros.

Además se pueden destacar otros valores en esta tela pintada al óleo. Se trata de una escena que representa un momento de al mediodía. Es decir, durante las horas de mayor luz, y también más dura. Una fase del día que no fue la predilecta de los impresionistas, precisamente por esa dureza de la luz que les proporcionaba pocos matices a los colores.

Sin embargo, Pissarro se atreve con ella, dándole a todo ese brillo tan luminoso, y creando esas zonas de fuerte sombra que tanto destacan. Desde luego es un magnífico ejemplo de la capacidad de este pintor para captar y plasmar la luz de cada momento y época del año. Y no solo la luz, sino también la temperatura que esa luminosidad conlleva. No hay más que comparar esta escena de Mujer en el huerto, sin duda veraniega, con otras telas suyas como sus famosas vistas del Boulevard Montmartre.

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