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Caspar David Friedrich (III)

Publicado por Chus

El cuadro “La cruz en la montaña” es de esta primera época (1808) y supone la corporeización por primera vez de la nueva concepción del pintor del paisaje religioso. De esta manera describe el propio Friedrich su obra en un artículo y explica además su significado “Descripción del cuadro: sobre la cima de una roca se levanta una cruz rodeada de abetos cuyos troncos aparecen cubiertos de hiedra. El sol desciende despidiendo rayos y en el crepúsculo púrpura destaca la cruz de Cristo. Descripción del marco: fue construido por el escultor Kühn y a los lados tiene dos columnas góticas de las que se elevan unas ramas de palmera formando una bóveda sobre el cuadro. En las palmas aparecen cinco cabezas de ángeles que miran, orando hacia la cruz. Sobre el ángel central, con el más puro brillo plateado, se encuentra la estrella vespertina. Debajo, el ojo de Dios, omnividente, encerrado en el triángulo divino y rodeado de rayos. Espigas de trigo y racimos de uva se inclinan por ambos lados hacia el ojo de Dios. Representando el cuerpo y la sangre de Quien pende de la cruz. Significado del cuadro: Jesucristo, clavado al madero, está vuelto hacia poniente, imagen del Padre Eterno que todo lo vivifica. Con las enseñanzas de Jesús murió un mundo viejo, aquel en que Dios Padre caminaba directamente sobre la Tierra. Este sol se pone y la Tierra no es capaz ya de captar la luz que se le oculta. Entonces luce en el más puro metal, el del oro del crepúsculo, el Salvador clavado en la cruz y lo refleja con brillo atenuado sobre la tierra. La cruz está levantada sobre una roca tan inamovible como nuestra fe en Jesucristo. En torno a la cruz se levantan (siempre verdes en todas las épocas) los abetos, significando la esperanza que los hombres tienen puesta en Él, el Crucificado”.

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Esta descripción y explicación tienen gran importancia para el arte de Friedrich, ya que raras veces habló el pintor tan concretamente sobre su propia obra. Llama la atención el misticismo cristiano-protestante que muestra el pintor, no pintando la teología protestante, sino una exposición subjetiva del mensaje que lleva en sí mismo, el subjetivismo religioso.

De 1808 es también el cuadro “Niebla matutina en la montaña” que representa la cima de una montaña envuelta en la niebla de la que se traslucen algunos pinos y abetos de sus laderas. Sobre la cima de la roca desnuda y desierta se levanta una tenue y delgada cruz rodeada por nubes. El punto de vista del espectador es alto, como si fuese un pájaro que vuela hasta la cumbre. Todo ello hizo que la obra fuese criticada, ya que se pensaba que pintar una montaña fantasmal entre la niebla carecía de sentido. Para Friedrich, en cambio, la cruz de Cristo sobre la roca augura, en una tierra cubierta por la niebla, la luz de la salvación y los abetos que sobresalen simbolizan las almas creyentes que ya participan de la sabiduría salvadora.

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