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Coronación de espinas, Tiziano

Publicado por Laura Prieto Fernández

A partir del siglo XVI será muy común para los artistas del renacimiento la reinterpretación de obras que ellos mismos ya habían diseñado y en las que el artista busca una nueva dimensión o diseño, esas piezas adquieren una singular importancia ya que a menudo nos trasmiten la evolución que sufre la pintura de los artistas en una etapa mucho más madura, esta evolución es especialmente interesante en las obras que aquí analizamos, dos Coronaciones de espinas, realizadas por el artista veneciano Tiziano.

Titian_-_Christ_crowned_with_Thorns_-_Louvre

Tiziano Vecello o Vecelli (1477 – 1576) es uno de los mejores representantes de la pintura veneciana en la época renacentista. No son muchos los datos fehacientes que se conocen acerca de su vida, más bien al contrario ya que ni siquiera su fecha de nacimiento se encuentra documentada. Parece ser que el artista pudo nacer en la localidad de Cadore y que bien joven se trasladó a Venecia para formarse en el taller de un famoso mosaiquista pero debido a su talento fue acogido en el taller del mismísimo Bellini. La fama de Tiziano pronto traspasó las fronteras de Venecia e Italia trabajando para algunos de los comitentes más famosos de toda Europa. Su obra fue tan extensa y dilatada que pudo trabajar prácticamente en todos los géneros pictóricos con gran maestría, así en la obra de Tiziano resultan igual de interesantes sus retratos como las escenas mitológicas o religiosas.

La primera Coronación de Cristo se trata de una pintura realizada en óleo sobre tabla a mediados del siglo XVI, concretamente en el año 1540. Se trata de una obra de formato vertical que mide unos tres metros de altura y algo más de un metro y medio de anchura, que fue encargada por la Cofradía de la Santa Corona para la Iglesia de Santa María de la Gracia en Milán y que en la actualidad se encuentra en el Museo del Louvre de Paris.

El capítulo de la Coronación aparece relatado en los Evangelios, tanto en el de San Juan como en el de San Marcos y San Mateo y responde a la idea de Poncio Pilato de querer contentar al pueblo judío sin tener que ejecutar a un hombre que él sabía inocente pero que no tuvo valor de defender. En un primer plano el artista nos presenta a los soldados romanos, en una tumultuosa escena cargada de dramatismo, violencia y movimiento.

Es precisamente ese dramatismo de la pieza el que hace que podamos relacionarla con las obras de Julio Romano o incluso con la estatuaria clasicista, recordándonos a obras del helenismo como el mismísimo Laocoonte o incluso a la famosa terribilitá del también pintor renacentista Miguel Ángel Buonarroti. La escena se desarrolla en un interior de ambiente clasicista con un arco de medio punto y la escultura del emperador Tiberio que en la segunda pintura realizada ya en la década de los setenta, nada menos que veinte años después, el artista decide eliminar y sustituir por una lámpara.

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