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Danáe de Klimt

Publicado por A. Cerra

Este óleo pintado sobre lienzo lo realizó el pintor austriaco Gustav Klimt en el año 1907 y en la actualidad se conserva en la Galería Wurthle de Viena.

Erotismo en estado puro. Y es que para Klimt todo arte es erótico. Pero en este caso lo muestra de forma bastante clara. Nos presenta al personaje mitológico Danáe, hija de Acrisio, en el preciso momento de tener un orgasmo. Algo que Klimt plasmó en varias ocasiones, así como también hizo diversos estudios de mujeres masturbándose.

Danáe de Klimt

Danáe de Klimt

La imagen se basa en el relato de la mitología griega según el cual el rey Acrisio mantenía oculta y encerrada a su hija Danáe para intentar romper la profecía que decía que su propio nieto lo asesinaría. Sin embargo, no lo consiguió, ya que Zeus acabó descubriendo el escondite de la joven Danáe a la que acabó fecundando. De esta manera nació Perseo, quién finalmente asesinó a su abuelo Acrisio.

Con la elegancia que caracteriza las obras de Klimt como El beso, simbólicamente representa ese momento de acto sexual y la fecundación con una lluvia dorada que desciende desde la parte de arriba como una cascada, y que vendría a plasmar como penetra Zeus en el cuerpo de Danáe.

Ese color dorado bizantino y su sensualidad es una especie de marca de la obra de Klimt, sobre todo en su estilo tardío. Así como también es muy de su producción la tela vaporosa con dibujos también dorados que acaricia y enmarca el cuerpo desnudo de la joven.

De forma muy elegante las piernas tan curvilíneas de la muchacha ocultan el verdadero punto focal de la pintura, su vagina, a la que se dirige la cascada dorada.

Klimt combina la acción dramática de la escena con suaves líneas direccionales, como las que nos indican esa lluvia dorada. Pero hay más. Por ejemplo, el placentero ladeo de la cabeza en un gesto extasiado que enmarca la cabellera pelirroja. O la inclinación de antebrazo, en el que desaparece la mano entre los muslos que se juntan, se aprietan y se estremecen en éxtasis. Con todos esos elementos consigue dirigirnos la mirada hacia el centro del lienzo. Con esas líneas y también con los colores, ya que todo el cuerpo de la mujer está marcado claramente porque sus tonos claros quedan envueltos por los negros del fondo y de la tela, el brillo amarillo o el tono rojizo del cabello.

Es una imagen propia del estilo modernista de Klimt y con su habitual tono erótico, tan diferente al de su contemporáneo Egon Schiele, donde todo es mucho más sórdido. Basta comparar esta Danáe con la Mujer reclinada con medias verdes de su compatriota.

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