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El barroco holandés (III)

Publicado por Chus

Las escenas de los retratos de grupo son ajenas a cualquier tipo de artificiosidad o majestuosidad, casando perfectamente con los gustos de la sociedad holandesa. Entre las obras de este género destacan “Los regentes del Hospital de Santa Isabel”, “Los Regentes” y “Las Regentas del Asilo”, lienzos en los que el pintor destaca el concepto de seriedad y responsabilidad de los retratados, sustituyendo la policromía por el blanco y el negro de las ropas. También en el retrato individual, la imagen habitual que ofrecen los artistas holandeses es la del burgués o noble despreocupado, alegre, como puede comprobarse en los retratos de Frans Hals “Caballero sonriente” y “Alegre bebedor”, retratos carentes de todo sentido heroico, constituyendo la imagen de una sociedad confiada, que vive en el presente.

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Con respecto al arte religioso, la Holanda protestante no tiene el mismo sentido de la misma que el resto de la Europa Católica. En el terreno constructivo, asistiremos a la creación de una nueva tipología de iglesia, más en consonancia con el ritual protestante. Para el nuevo rito el factor decisivo era el “sermón”, comentario y explicación del texto de la Biblia leído. Necesitaban entonces un espacio en el que la acústica fuese fundamental, mucho más que lograr el impacto visual, realzar las ceremonias o solemnizarlas, como sí ocurría con el catolicismo. Las iglesias protestantes eran más un lugar de reunión que de culto propiamente dicho, motivo por el que se va a preferir el plan central, lo mismo que la utilización de tribunas, más para aumentar la capacidad del lugar que por razones estructurales. Aparecen así soluciones centrales como la Nieuwe Lutherse Kerk de Dostman, o la Nieuwe Kerk de La Haya de planta rectangular, proyectada por Norwith y van Barren. El centro de atención de estas iglesias deja de ser el altar mayor o las imágenes, para desplazarse hacia el púlpito o el órgano. La liturgia protestante opta, más o menos radicalmente por el abandono de la imagen, ya que contemplan la relación con la divinidad y lo sagrado, más como una cuestión individual, privada, en la que el fiel y Dios se comunican sin necesidad de mediación plástica. Por eso en el mundo protestante va a ser tan excepcional la obra de Rembrandt y sus discípulos, que sí tienen producción religiosa.

Precisamente a lo largo de la exposición de lo más destacado del barroco holandés, no hemos nombrado a Rembrandt en ningún momento, ya que la carga e importancia de su obra requieren referirse al artista de una manera más individualizada y pormenorizada. Sin duda, fue la gran figura de la pintura holandesa del siglo XVII, con una producción prolífica, en la que abordó todo tipo de temas, retratos individuales y de grupo, escenas mitológicas, paisajes, interiores e incluso como hemos señalado más arriba, temas religiosos. En su pintura parte del tenebrismo, pero en vez de ser un contraste lumínico brusco, en sus obras abundan las suaves penumbras, siendo considerado como el maestro de la luz, de la captación de ambientes. A Rembrandt le interesa la luz en su vertiente poética, no física, diluyéndola en los contornos de las figuras y los objetos en sutiles destellos, creando atmósferas fantásticas y misteriosas claridades. Aplica el color en manchas gruesas con una pincelada suelta, muy alejada del minucioso detallismo de otros pintores contemporáneos. También es el gran maestro del naturalismo, sacando a sus personajes, en ocasiones pobres y harapientos, de la realidad.

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