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El martirio de San Sebastián de Pollaiuolo

Publicado por A. Cerra

Esta obra de Antonio Pollaiuolo (1429 – 1498) que actualmente posee la National Gallery de Londres es un buen ejemplo de cómo los artistas renacentistas aplicaron los estudios de perspectiva a la pintura religiosa en las iglesias, teniendo en cuenta que allí eran obras que habían de verse a cierta distancia y tenían que quedar integradas en el conjunto arquitectónico del templo.

Martirio de san Sebastián de Pollaiuolo

Martirio de san Sebastián de Pollaiuolo

La escena del martirio de San Sebastián, dada su truculencia ha sido pintada en numerosas ocasiones a lo largo de la historia del arte. De hecho, un artista contemporáneo a Pollaiuolo como es Andrea Mantegna tiene otro Martirio de San Sebastián entre sus obras maestras.

El cuadro de Pollaiuolo, cuyo nombre original era Antonio di Jacopo Benci, quizás no sea tan logrado como éste, pero es una obra con un dibujo muy correcto y una composición armónica basada en las normas de la pintura renacentista.

Vemos al santo atado a un poste y rodeado por seis verdugos, todo ello compuesto a base de posturas y localizaciones que le dan un gran equilibrio a la escena, formando entre todos ellos un claro triángulo agudo. Es tan clara esa composición que incluso puede llegar a parecer excesivamente rígida, por ello introdujo ciertos elementos para que animaran la escena.

Por ejemplo, en los extremos inferiores vemos a dos verdugos, uno de frente y otro de espaldas, ambos apuntando con su arco al santo. Y esa misma variante la incluye en los dos personajes del centro inferior que están cargando las flechas en sus ballestas. Un recurso sumamente sencillo, pero que consigue romper la estricta simetría de la composición, y dotarla de movimiento.

Casi se puede pensar que además de servirle como elementos para dinamizar la imagen, también es una especie de ejercicio pictórico, usando los mismos modelos para pintarlos desde dos ángulos de visión diferente. Una impresión que se corrobora al observar con detenimiento las figuras, en las cuales el pintor se ha explayado a la hora de plasmar las musculaturas y posturas, consciente de su habilidad para ello, y dejando casi en un segundo plano el tema principal del martirio.

De hecho, la imagen del santo asaeteado apenas destaca sobre un paisaje toscano de fondo que el pintor ha representado con el nuevo arte de la perspectiva. Y lo cierto es que el santo y su fondo no conjugan excesivamente, ya que no hay una clara continuidad entre la colina donde se realiza el martirio y el paisaje de la lejanía. Y en todo momento, parece ser más importante a la vista la representación de los cuerpos humanos que el conjunto de la escena.

Lo cierto es que no es extraño que Pollaiuolo se centrara mucho en la representación de las figuras humanas, ya que era uno de los fuertes de su pintura, porque tenía unos amplios conocimientos de la anatomía y de su representación, algo que le ayudó en su trabajo como pintor y también en sus obras como escultor, orfebre y grabador. Es decir, Pollaiuolo, como otros maestros del Renacimiento desarrolló su obra en varias disciplinas artísticas y en algunas de ellas realizó importantes avances, como por ejemplo en el perfeccionamiento de los trabajos de esmaltado.

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