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«El nacimiento de Venus» de Botticelli

Publicado por Chus

Sandro botticelli (1445-1510) fue un pintor florentino de la segunda mitad del Quattrocento, que se preocupó más acerca de la representación de temas relacionados con el neoplatonismo predominante en la época, que por las búsquedas de la corriente denominada “científica”, centrada en resolver problemas de orden estrictamente formal.

En esta obra, trata de reconstruir una pintura del pintor ateniense Apeles, descrita en una poesía de Poliziano. El tema deriva de la literatura homérica, recogida en las “Metamorfosis” de Ovidio, en un episodio en el que se narra como la ninfa Hora tiende su manto a Venus Andrómeda, que surge del mar desnuda sobre una concha, mientras soplan sobre ella el viento del oeste, Céfiros y su amante, la ninfa Cloris. En esta obra observamos en el centro, encerrada en un triángulo, la figura de Venus, ligeramente curvada, representando en su silueta la curva praxiteliana, acompañada a su izquierda por Céfiros y Cloris, que dibujan una diagonal, y a la derecha, también en diagonal, la ninfa Hora que traza con el manto con el que se va a recubrir a Venus, otra línea curva, cerrando así la composición por el lado derecho. La figura central, Venus, está directamente inspirada en la Afrodita de Cnido de Praxiteles y en la serie de Venus púdicas helenísticas.

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La solución del paisaje es una novedad, ya que hasta entonces los fondos se solucionaban, o con paisajes esquemáticos como hacía Masaccio, o bien con paisajes complicados de estirpe flamenca, y ninguno de los dos concordaba con lo rico del dibujo. Frente a estas soluciones, Botticelli opta por una tercera solución, un sencillo fondo marino, con las riberas visibles y un grupo de árboles para compensar el vacío que quedaba tras la figura de Hora.

El dibujo es preciso, de trazo limpio, sinuoso, ondulante. Los colores son suaves y delicados, con un claro contraste entre las figuras femeninas (como Venus, blanquísima) y masculina (tez oscura). El fondo solo está claramente iluminado alrededor de Venus, ya que de ella emana la luz, que es lo que ayuda a destacar la figura central de la composición. Todo el conjunto da una gran sensación de suavidad y calma asombrosa. Destaca además la delicadeza del retrato y el preciosismo de los detalles, como el vestido de Hora o el manto bordado de flores con que va a cubrir a la diosa, relacionado con la minuciosidad de la pintura flamenca de Van Eyck.

Esta obra se enmarca en el gusto por la cultura y arte clásico, tomada como punto de referencia. Pero hay que considerar que no se trata de una simple exaltación pagana de la belleza femenina, sino también de la convicción cristiana del bautismo como nacimiento a una nueva vida. En este sentido la venera sobre la que se eleva Venus, es también un símbolo de Cristo. La idea de mezclar o unir los elementos de la Antigüedad clásica con el cristianismo es quizás el primero de los sellos de identidad del Renacimiento italiano de la Edad Moderna, es el Neoplatonismo. Según éste el verdadero significado de la obra sería la demostración que la belleza nace de la unión del espíritu con la materia, de la idea con la naturaleza.

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