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El patricio y su esposa ante el papa Liberio

Publicado por Laura Prieto Fernández

Como ya señalamos en una entrada anterior, el pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo fue el encargado de decorar la Iglesia de Santa María la Blanca ubicada en la ciudad de Sevilla. Las obras fueron encargadas por el propio deán de la catedral hispalense al artista a mediados del siglo XVII, concretamente en torno al año 1664 o 1665.

Murillo (1617 – 1682) es uno de los artistas españoles más destacados en la época del barroco, quizás su mala fortuna fue la de coincidir en vida con el mismísimo Velázquez ya que la sombra del gran genio eclipsó a todos los artistas de su época. Sin embargo Murillo supo buscarse un lugar propio dentro de la escuela andaluza donde su pintura amable y colorida encajaba perfectamente con el ambiente religioso de la sociedad andaluza.

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Según los estudios realizados al respecto debió ser Justino de Neve el comitente de los lienzos que decoraban la iglesia sevillana en la que se relataba la fundación de una de las más antiguas basílicas de Roma, la basílica de Santa María la Mayor. Sin embargo, la decoración del templo sevillano fue un hecho mucho más allá de la mera religiosidad convirtiéndose para España en un asunto casi político. El rey Felipe IV insistía que desde el papado se derogase la bula impuesta por Urbano VIII en la que se negaba el concepto de Inmaculada a la concepción de María, manteniendo para ello diferentes disputas con algunos de los máximos canónigos de Roma, cuando finalmente Alejandro VII derogó la bula, lo que antes había sido una sinagoga se convirtió en el templo de Santa María la Blanca en conmemoración a su concepción inmaculada.

La obra que aquí analizamos, El patricio y su esposa ante el papa Liberio, mantiene el mismo formato de media luna que su predecesora y al igual que ésta fue posteriormente modificado con añadidos de un marco dorado que representa la planta y el alzado de la basílica romana.

En el lienzo el patricio y su mujer acuden a visitar al papa Liberio para relatarle la visión mariana que han tenido en sueños –María les encomendaba construir un nuevo templo- y el Papa parece sorprendidos ya él mismo tuvo la misma revelación. En el centro de la composición los patricios aparecen de rodillas postrados ante el papa con sus mejores galas, lo cual contrasta con el ambiente de intimidad con el que Murillo los representaba en el Sueño del Patricio. Por su parte el Papa aparece acompañado de dos sacerdotes uno de los cuales se ajusta las gafas ante la incredulidad de lo que escucha.

En la zona de la izquierda podemos ver una segunda parte de la escena igual que ocurría con el lienzo anterior, esta vez el artista representa a la comitiva papal de camino al monte donde supuestamente la Virgen ha dejado dibujado el plano de la nueva basílica.

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