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El pintor y su familia de André Derain

Publicado por A. Cerra

El título de la obra realizada en el año 1939 y que actualmente está en la Tate de Londres, ya nos deja bien claro de que se trata en este enorme lienzo (176 x 123 cm). Es un retrato familiar, pero a diferencia de otras muchas obras de este estilo realizadas a lo largo de la historia, André Derain no elige un formato horizontal o apaisado, que parecería el más adecuado, sino que opta por un desarrollo vertical de la obra para que vayan apareciendo los distintos miembros de la familia, cada uno de ellos actuando como un escalón o un foco de atención diferente.

El pintor y su familia de Derain

No obstante el centro de la composición lo ocupa el propio autorretrato del pintor, cuya presencia todavía se acentúa más por la presencia rotunda del gran elemento horizontal del cuadro, la mesa blanca.

Y pese a lo que podría parecer, Derain no está en ese momento pintando a ningún miembro de la familia, sino a un loro que hay sobre uno de los caballetes. Si bien, quizás lo está mirando porque justo en ese momento le ha despistado. Porque lo cierto es que sí que aparecen retratadas varias de las mujeres de la familia.

Por ejemplo, su esposa que está leyendo un libro en primer plano. Y tras él, se encuentra su sobrina llevando en brazos a un perrito. Esta sobrina, llamada Geneviéve, es realmente el rostro más iluminado de todo el conjunto. Algo que quizás parezca lógico, porque se considera que ella era la auténtica musa del artista. E incluso se materializa por su ubicación dentro de la composición, al estar tras él, como acompañándole y con el perrillo en el regazo, símbolo universal de fidelidad.

Mientras que más al fondo y entre la penumbra enmarcada por el quicio de la puerta aparece su cuñada, y madre de Geneviéve, trayendo una bandeja a esa sala, que más bien parece el estudio del pintor.

Ya hemos nombrado un loro y un perro, pero hay más animales en la imagen. Hay un gato o un pavo en primerísimo plano. Es que se sabe que en su casa ubicada a las afueras de París, este artista convivía no solo con su familia, sino también con muchos animales. Así que para él debían aparecer en el retrato familiar, además de que tienen una carga simbólica en la obra, plasmando con el gato las fuerzas del misterio o con el pavo la belleza.

En definitiva, es una obra muy personal del artista, el cual también ya había alcanzado cierta edad, y en parte ha abandonado las teorías más radicales de los fauvistas que inundaban los cuadros que había hecho décadas atrás como Barcas en el puerto de Collioure o El viejo puente.

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