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El vagón de tercera de Daumier

Publicado por A. Cerra

El vagón de tercera

Se trata de una acuarela pintada por Honoré Daumier entre los años 1862 y 1864, y que en la actualidad se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Es una pintura muy típica del momento en el que su pintor la realizó, un autor adscrito al movimiento de la pintura realista. Y de hecho, Daumier es uno de los máximos representantes de esta corriente pictórica, y esta es una de sus obras más emblemáticas.

Cuando él la expuso, produjo cierta polémica en los círculos artísticos parisinos, ya que la obra representa una escena en un vagón de ferrocarril repleto de gente con escasos recursos, pero en cambio el autor dota a la pintura del tono propio de la pintura que representaba temas más altos, más grandilocuentes. Y por lo tanto, el escándalo se debía a que plasmaba del mismo modo un tema de tercera (incluso la expresión la incluye en el título de la obra) que si hubiera pintado una escena de primera, digamos de tema más noble.

En realidad, Honoré Daumier en cualquiera de sus facetas artísticas se mostró como un autor muy crítico con su sociedad, especialmente con las clases más poderosas, ricas y de ideología conservadora. Y lo hizo tanto en su producción como pintor, como cuando realizó ilustraciones en diferentes periódicos o revistas, en sus litografías o en sus obras escultóricas.

Su implicación social no solo la llevó al campo del arte, ya que personalmente se involucró en diferentes sucesos políticos que agitaron las décadas centrales de la Francia del siglo XIX. Participó en la Revolución de 1830, fue muy crítico con el posterior reinado de Luis Felipe, apoyó la Revolución de 1848, fue muy activo políticamente durante el periodo de la II República Francesa y finalmente participó en los sucesos de la Revolución de 1870.

Evidentemente su ideología era la propia de una persona de izquierdas, y esto queda patente en multitud de sus obras, donde las clases más pobres y trabajadoras son las protagonistas. Y en muchas ocasiones, los historiadores del arte consideran sus imágenes una verdadera crónica, casi periodística, de su tiempo.

La escena que representa esta obra es un claro ejemplo de ello. Presenta como las masas se apiñan en los trenes, y con ello da la idea de alienación. Cada personaje viaja embebido en sus propios pensamientos, sin preocuparse uno de otro, todos amontonados pero al mismo tiempo aislados entre sí.

En cuanto a su estilo pictórico, los historiadores emparentan sus formas con movimientos posteriores del siglo XIX como el Expresionismo, pero al mismo tiempo se manifiesta su conocimiento de la pintura anterior, ya que algunos de sus recursos son herencia de haber estudiado las obras de grandes maestros como Miguel Ángel o Rembrandt.

De esta misma obra hay tres versiones diferentes con ligeras variantes entre ellas. Las tres se conservan en Norteamérica. La citada del Metropolitan de Nueva York, y las otras dos que están en la Walters Gallery de Baltimore y en la National Gallery de Ottawa. Posiblemente la primera versión es la que se posee en Baltimore y la última la que está en Canadá, ya que es la de mayores dimensiones y la que tiene un acabado más perfecto.