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Entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia de Le Brun

Publicado por A. Cerra

Entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia de Le Brun

El pintor Charles Le Brun se convirtió en uno de los artistas favoritos del rey francés Luis XIV. El monarca que mejor ha representado el régimen absolutista, algo basado especialmente en un carácter tan egocéntrico, que se hacía llamar con toda pomposidad el Rey Sol.

Este rey buscaba sus referentes en los gobernantes de la Antigüedad, y entre todos ellos destacaba a Alejandro Magno, quien desde su Macedonia natal llegó a conquistar un imperio cuyos dominios llegaron a la lejana India.

Pues bien, Charles Le Brun plasmó estos ideales de su rey en varias obras, y entre ellas cuatro lienzos monumentales dedicados a otros tantos momentos legendarios de Alejandro Magno. Esos cuadros fueron El Paso de Granico, La Batalla de Arbelles, Alejandro y Poros, y el cuadro que aquí os presentamos con la imagen de la Entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia. Un cuadro que como el resto hoy se encuentran en el Museo del Louvre y que fue tal su éxito, que posteriormente se trasladaron estas escenas a gigantescos tapices realizados en el Real Manufactura de los Gobelinos.

En este lienzo pintado por Le Brun entre el 1662 y 1668, vemos como el gran Alejandro entra en su carro en Babilonia. En un carro tirado por elefantes y que está rodeado por la gente que vitorean al conquistador. Es muy curioso, ya que se supone que Alejandro les había vencido, sin embargo sus conquistados se alegran de ello. La leyenda dice que tras vencer en otros lugares al emperador persa, decidió acometer la conquista de Babilonia. Sin embargo, cuando llegó ante esa ciudad, se encontró con la puerta de sus murallas abiertas, de manera que literalmente hizo un desfile militar por las calles de la urbe, famosa por sus Jardines Colgantes, una de las Siete Maravillas de la Antigüedad y que se distinguen al fondo de la escena.

El tono grandilocuente y solemne, sin duda era el que más le gustaba al Rey Sol. Además que se veía reflejado en ese emperador de leyenda que era tan buen gobernante como militar. Por ello no es extraño Le Brun triunfara en la corte. Allí realizó numerosos trabajos para el rey y para otros poderosos aristócratas. Pero además su labor no se redujo a la de pintor, sino que también ejerció como escenógrafo y decorador de palacios. Sin olvidar que el propio rey lo nombró director de la Real Academia de Pintura y Escultura en 1663, cargo que ejerció hasta su muerte en 1690. Una posición desde la que ejerció un importante liderazgo artístico, como representante de un arte barroco clasicista emblemático de Francia.

Y es que Le Brun no solo fue un personaje que supo captar a la perfección el carácter del gran mecenas de su época. Es cierto que poseyó una extraordinaria maestría para el arte de la pintura, y basta con ver obras como esta para apreciarlo. Una escena donde está estudiado hasta el último detalle o gesto de los personajes, todo fruto de un proceso de trabajo lento y laborioso, con infinidad de estudios previos. Algo que todavía pone más de relieve su labor pictórica.

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