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Entrega de las llaves a San Pedro, Perugino

Publicado por Laura Prieto Fernández

Cuando pensamos en la decoración de la Capilla Sixtina del Vaticano, a menudo pensamos en los frescos que Miguel Ángel realizó en la famosa estancia, no obstante las pinturas de Miguel Ángel tan sólo ocupan la bóveda de la capilla y la pared del altar mayor, el resto de los muros fueron pintados por otros artistas. En el verano de 1481 se reunían en la Capilla Sixtina algunos de los mejores artistas del Renacimiento convocados por el Papa Sixto IV; de esta manera, artistas de la talla de Boticelli, Rosselli o Ghirlandaio comenzaban los frescos que decorarían las naves.

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En este contexto también fue llamado a participar en la decoración de las obras el artista Pietro Perugino (1448 – 1523). Perugino, cuyo verdadero hombre era Pietro Di Cristoforo Vanucci, fue uno de los artistas más destacados del Renacimiento. No son muchos los datos que se conocen acerca de su formación pero parece ser que la influencia de autores como Piero Della Francesca fueron determinantes en la concepción artística de Perugino. En Florencia trabajó en el taller de Andrea Verrochio y en torno al año 1472 el artista consiguió el título de maestro; desde este momento se convirtió en uno de los artistas más influyentes del Renacimiento italiano aunque finalmente su personalidad artística quedó ensombrecida por el talento de uno de sus más queridos discípulos, Rafael de Sanzio.
La obra que aquí nos ocupa, La entrega de las llaves a San Pedro, se trata de una pintura al fresco con formato horizontal que mide algo más de cinco metros y medio de anchura y más de tres metros de altura. Perugino ya había trabajado para Sixto IV anteriormente por lo que el artista gozo de cierta libertad pese a las estrictas normas que debían regir en todo el programa iconográfico de la Capilla Sixtina.

En el centro de la composición y en un eminente primer plano, Jesucristo entrega las llaves de su iglesia a San Pedro, nombrando a éste como cabeza de la Iglesia y primer obispo de Roma. Flanqueando a los protagonistas aparecen dos grupos de personajes a derecha e izquierda en los que el artista ha incluido a los Apóstoles y otros personajes e incluso, un autorretrato de él mismo. En un segundo plano encontramos otros personajes dispersos por la plaza -de estilo renacentista- y entre ellos se pueden apreciar dos escenas distintas: la lapidación de Jesucristo y a la derecha una escena que representa el pago del tributo. Entre los personajes, especial mención merece la multitud de gestos y posturas que representan un verdadero estudio de la personalidad y de la calidad táctil de las telas.

La composición se desarrolla en un ambiente urbano de corte clasicista con un templete octogonal en la zona central que aparece flanqueado por dos arcos de triunfo de corte romano. Esta misma composición será utilizada por el artista para un cuadro que pintará veinte años después, Los desposorios de la Virgen que además inspirará la obra conocida obra de Rafael que la pintó inspirándose en la de su maestro.

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