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Estudio de una puesta de sol de Delacroix

Publicado por A. Cerra

Eugene Delacroix (1798 – 1863) tenía un lema pictórico que procuraba llevar hasta las últimas consecuencias. Para él, el primer mérito de un cuadro ha de ser que sea una fiesta para la vista. Es decir buscaba algo hermoso, llamativo, atractivo, y para conseguirlo invertía todo el trabajo que fuera necesario. Por eso cuando emprendía un gran proyecto realizaba n sinfín de estudios y bocetos previos.

Estudio de una puesta de sol de Delacroix

Eso ocurrió cuando acometió la labor de realizar un monumental cuadro en el techo de la galería de Apolo en el Palacio del Louvre de París. Pero antes de ello, entre los años 1849 y 1850 pintó un buen número de estudios en acuarela, una técnica muy querida para él por su inmediatez y que por ejemplo nos ha legado infinidad de sus documentos de trabajo o de viaje, por ejemplo cuando pasó una estancia en Marruecos. Bocetos imprescindibles para algunas de sus obras posteriores.

Pues bien, cuando empezó a preparar su cuadro en la galería de Apolo, una de las primeras cosas que quiso controlar era como representar los efectos de color que provocaba el ocaso del sol. Por ello realizó diversas pinturas al pastel sobre papel, como el caso que os mostramos.

Lo que le interesa es la plasmación de esa luz y esos colores en la atmósfera, por ello gran parte de la superficie está ocupada por el cielo, mientras que la tierra se convierte en una estrecha franja oscura inferior, que sobre todo sirve para marcar la línea del horizonte.

Su interés radica en el colorido, sus contrastes y sus efectos. Delacroix se nos muestra como un creador fascinado por ese tipo de impresiones fugaces, por el espectáculo natural que puede ser cada atardecer, casi es como un avance de los conceptos impresionistas. De hecho, pintores de esa generación fueron fervientes seguidores de su trabajo como Edgard Degas.

Y es que tienen muchos puntos en común y por momentos nos parece anticipar el trabajo de pintores como Claude Monet y su célebre Impresión, amanecer. Algo que incluso se manifiesta en su relación con la creación de un paisaje, lo cual nos lo cuenta el propio Delacroix tras una caminata con su amigo, el grabador belga Frederic Villot: “Observamos durante nuestro paseo sorprendentes efectos cromáticos. Fue en el momento de la puesta del sol. Los tonos cromo y carmín más brillantes junto a la luz, y sombras sobremanera frías y azules. Así, también las sombras de los árboles absolutamente amarillos, terra di Siena y marrón rojizo, aclarados por el sol, destacándose de las nubes grises, que cambiaban al azul”. Lo dicho impresionismo puro y un adelantado a su tiempo.

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