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Matanza de Quíos de Delacroix

Publicado por A. Cerra

Esta obra la pintó Eugène Delacroix en el año 1824. Se trata de un lienzo pintado al óleo que se conserva en las salas del museo del Louvre de París.

El pintor representa aquí un tema de su historia contemporánea, si bien elige la parte más trágica del episodio para mostrar la crueldad de la guerra. Y es que hay que tener en cuenta que años antes en Francia todos estos temas estaban ensalzados y muy bien valorados debido al éxito militar de Napoleón, pero una vez que el emperador desapareció en 1815, poco a poco su figura y sus logros fueron mermando en importancia y valoración.

Matanza de Quíos de Delacroix

Matanza de Quíos de Delacroix

De hecho, Delacroix se inspira en el pintor más napoleónico de todos, Antoine Gros, más concretamente con su obra de Los Apestados de Jaffa, dentro de su serie de pinturas de los Episodios de la campañas de Napoleón. Si bien también se pueden ver otras influencias destacadas como la composición deudora de las obras de Peter Paulus Rubens, o el fondo que recuerda a los paisajistas ingleses.

La pintura de Delacroix fue evolucionando hacia composiciones cada vez mayores, en las que representa muchas figuras, reuniéndolas en grupos y relacionándolas entre sí gracias al agitado movimiento de las escenas.
También fue aumentando cada vez más la profundidad de sus escenas, por ejemplo si comparamos esta obra de La Matanza de Quíos con la de Dante y Virgilio visitando el infierno.

Esta obra es emblemática dentro del dramatismo que impera en las obra de este artista, convertido en el máximo exponente, junto a Theodore Gericault de la pintura del Romanticismo francés.

Para algunos historiadores del arte, La Matanza de Quíos es la primera obra en la que se puede ver al verdadero Delacroix, al más genial. Aquí se ve una magnífica relación entre los personajes y el paisaje donde se ubican, cuya imbricación queda de manifiesto en la silueta del caballo en la parte derecha, una silueta pintada con el lenguaje pictórico tan particular de Delacroix.

A modo de curiosidad, cabe decir que Delacroix ya había acabado la obra y la expuso en el Salón de París. Sin embargo, poco después el pintor vio varias obras del pintor inglés John Constable y quedó encantado con su forma de pintar los paisajes. Por ello, decidió retocar el paisaje de su obra. Y no dudo en trabajar en ella durante cuatro días para aplicarle una serie de pinceladas salteadas con el objeto de conseguir que fuera un paisaje mucho más centelleante y vibrante. Aspecto que obviamente consiguió.

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