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Inmaculada Concepción de Murillo 2

Publicado por A. Cerra

En un post anterior ya se ha descrito el momento histórico en el que el pintor sevillano Murillo realizó esta Inmaculada Concepción y otras muchas similares que contaron con un gran éxito en su época. Pero ahora llega el momento de desentrañar la maestría artística de este pintor para realizar estas imágenes emblemáticas del arte religioso del siglo XVII, y de tiempos posteriores.

Inmaculada Concepción de Murillo

Inmaculada Concepción de Murillo

Murillo fue un pintor del periodo barroco, y sus principales influencias fueron pintores prácticamente contemporáneos a él. Por un lado, los barrocos venecianos, de los que admiraba su riqueza en el color y los contrastes entre luces y sombras, algo que se aprecia sobre todo en sus obras tardías como ésta.

Y otra gran influencia es la de otro artista sevillano, el gran e influyente Diego Velázquez, del cual aprendió a aplicar sus colores de una forma muy armoniosa, donde las sombras se suavizan y se integran, y los colores que emplea para este tipo de escenas a medio camino entre el suelo y el cielo son cada vez más translúcidos.

Por ejemplo, aquí vemos como en la zona dorada superior, el color lo fue aplicando en finas capas para plasmar la luz solar. De hecho, pese a ser un óleo, consigue que la apariencia llegué a ser tan fina como en una acuarela.

Por otro lado, no sólo hay que apreciar las influencias de Murillo, sino su capacidad de innovación, tanto estilística como temáticamente. En cuanto al estilo, en obras tardías como ésta se pueden ver detalles que de alguna forma están anticipando el arte Rococó que se desarrollará sobre todo a lo largo del siguiente siglo. Para descubrirlo basta con fijarse en los angelotes que aparecen a los pies de la Virgen. En total son 23 ángeles los que la sostienen y se trata de unos personajes que sirven para recargar la imagen ya que los dispone de forma entrelazada, aunque cada uno de ellos individualmente tiene un aspecto muy grácil, pese a sus formas de querubines regordetes.

Y respecto a las innovaciones temáticas de Murillo. Merece la pena destacar ciertas licencias que se toma a la hora de representar a la Virgen. Licencias que en algunos casos rompen con la iconografía más tradicional. Una de estas variaciones es que habitualmente a María en el momento de la Anunciación se la representaba con los brazos cruzados sobre el pecho, en un gesto de humildad ante el encargo divino recibido. Sin embargo, aquí Murillo nos la presenta con el brazo derecho extendido hacia el cielo.

Tampoco coloca alrededor de María, la tradicional corona de estrellas. En cambio, la luz del sol refulge tras su cabeza, la ilumina y se podría decir que la sostiene suspendida. Lo cual parece ser una representación de la presencia de Dios.

Esto no impide que respete otros elementos tradicionales como el cordón de San Francisco que lleva la Virgen. Un cordón con tres nudos que representan los votos hechos por los franciscanos: pobreza, castidad y obediencia.

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