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Joven comiendo ostras, Jan Steen

Publicado por Laura Prieto Fernández

La pintura barroca holandesa ha mostrado siempre una gran jerarquización en los que a géneros pictóricos se refiere, de esta manera no es lo mismo hablar de una pintura de historia que de un retrato o un paisaje; pero sin duda, uno de los géneros que más popularidad tuvo en el mundo de la pintura fueron las escenas de género en la que los artistas retrataban escenas de la vida cotidiana permitiéndonos un conocimiento más avanzado de las costumbres de la época.

La pintura de género a menudo escondía tras de sí un importante mensaje
que va mucho más allá de una simple escena sin importancia y en este sentido, los cuadros de Jan Steen son muy reseñables puesto que, bajo sus formas en principio sencillas y sin mayor importancia, suele esconderse ciertos reproches morales o incluso, viejos proverbios holandeses.

Jan Havicksz. Steen (1626 – 1679) fue uno de los artistas holandeses más destacados de su tiempo, parece ser que el artista, hijo de un próspero tabernero, se formó en la academia de latín de Leiden donde también hubo de estudiar uno de los artistas más conocidos de la época, el mismísimo Rembrandt. Parece ser que el joven artista pudo formarse con Nicolaes Knüpfer ya que en sus obras posteriores se hace patente su influencia en la composición y el dibujo de Steen. Entre 1658 y 1660 el artista realiza una de sus obras más conocidas y que hoy analizamos aquí, La chica comiendo ostras; se trata de un óleo sobre madera de pequeño formato, apenas mide uno veinte centímetros de alto por catorce de ancho, que en la actualidad se exhibe en uno de los museos de La Haya.

Parece ser que durante aquella época apareció un buen número de libros en los que se hablaba sobre las bondades de las ostras, un alimento rico en vitaminas y que potenciaba el apetito sexual. El artista nos presenta en primer plano a una joven dama vestida con una casulla roja bermellón y ribeteada en piel blanca que mira pícaramente al espectador mientras echa sal en una de sus ostras. Se trata de una clara invitación con tintes sexuales que el artista ha encubierto de una manera elegante. Al fondo, en una segunda estancia que otorga profundidad a la composición, aparecen más desdibujados unos sirvientes que se afanan en abrir más ostras.

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