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La bañista de Valpinçon de Ingres (1808)

Publicado por Chus

Dominique Ingres (1780-1867) fue un pintor francés cuya obra para muchos especialistas debería encuadrarse en el neoclasicismo, para otros en el Romanticismo y para otros habría que denominarla “Ingrismo”, al tener unas características propias que no permiten circunscribirla a uno u otro movimiento. Esta obra, que se encuentra en el Louvre, es conocida simplemente como “La gran bañista” y, fue la primera de una serie de mujeres desnudas con inspiración o recuerdo orientalizante (“La gran odalisca”, “El baño turco”, etc.)

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La pintó en Roma en 1808, cuando se encontraba estudiando, en un momento histórico en el que triunfaba la “belleza ideal” propuesta por Canova, que Ingres compartía. Para el escultor, la belleza ideal estaba en la figura, de manera que se identificaba totalmente con la idea de lo bello, siendo el medio idóneo para esto la escultura, que aislaba a la figura de la contingencia de las condiciones ambientales. Para Ingres en cambio, el medio adecuado era la pintura, ya que aunque ésta representa la figura junto al espacio que la rodea, la bello no está en el objeto en sí, sino en la relación entre las cosas, por lo que todos los componentes del lienzo deben realizar un todo unitario, una síntesis.

Pese a ser una obra de juventud, la síntesis está conseguida. Si se aíslan partes del lienzo, las piernas parecen demasiado esbeltas, el dorso demasiado ancho, la figura desproporcionada, pero el conjunto resulta armónico debido sobre todo a la utilización del claroscuro, que matiza desde la sombra de las piernas hasta la luminosidad de los hombros. Esta luz matizadora no proviene de una fuente precisa y no incide directamente en los objetos, sino que surge de la relación de los colores, sobre todo del dorado de la piel con los fríos grises del fondo y los tonos verde oliva de la cortina.
La escenografía aparece reducida al mínimo, ya que salvo por el grifo dorado y la luz que emana de la bañera que no se ve, sólo el título de la obra nos remite a lo que acontece en la escena, no quedando claro si ha salido del baño o aún no ha entrado. Además de eso, la cortina y la cama completan la composición, en la que lo importante es el cuerpo femenino, que responde al ideal de belleza del pintor, repetido en numerosas ocasiones. Ingres admiraba profundamente a Rafael de Sandio y parece haberse inspirado en el dibujo rafaelesco y su concepto de desnudo. Gran dibujante, como su admirado Rafael, la obra muestra su maestría como tal, contraponiendo líneas rectas y suaves curvas con los nudos mostrados por las telas de la cabeza, del brazo y la cortina.

La gran figura está representada de espaldas, con un cuerpo bastante voluminoso, siendo casi un cilindro representado en un espacio cúbico, limitado por los tonos fríos de las paredes. No tiene rostro, ya que lo poco que se ve de él, está velado por la sombra. Pero junto a esta parte oscura, destaca una nota de luminosidad, la que pone la tela que le envuelve la cabeza, de color blanco que se torna cálido al contacto con los rojos del bordado. Este turbante que recoge el pelo de la protagonista trae reminiscencias orientales, justo en una época que asistirá al interés por todo lo que suene a exotismo.

Categorías: Neoclasicismo, Pintura