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La barricada de la calle Mortellerie de Meissonier

Publicado por A. Cerra

Esta pequeña obra, un lienzo de 29 x 22 cm, la atesora el Museo del Louvre de París y se convierte en un objeto artístico y también en un documento gráfico de los sucesos que tuvieron lugar en París durante la Revolución de 1848. Y es que Ernest Meissonier (1815 – 1891) no solo fue pintor sino que también participó activamente durante esos sucesos, ya que sirvió como capitán de la Guardia Nacional, el cuerpo militar encargado de sofocar el levantamiento del pueblo francés.

La barricada en la calle Mortellerie de Meissonier

Pero aunque luchaba en ese bando, el bando oficialista y burgués, lo cierto es que se quedó impactado por la brutalidad con la que fueron repelidos los revolucionarios. Unos horrores que sin duda muestra bien a las claras en esta tela, al igual que lo hizo de modo escrito, ya que dijo:

“He asistido al acontecimiento con todo su horror, soy testigo de la matanza de los revoltosos, cuyos cadáveres, fusilados y arrojados por las ventanas, cubrían el adoquinado mientras su sangre, que seguía brotando, tenía el suelo de rojo”.

Y desde luego nada mejor que las propias palabras de Meissonier para describir su lienzo.

Se trata de un cuadro sin duda alguna muy realista, porque las barbaridades de esa represión las representa en toda su crudeza, sin obviar detalles. Y lo hace sin ornamentos, sin que aparezcan poses grandilocuentes ni tampoco gestos cargados de heroicidad. Es tan sencillo como pintar los rostros de los muertos en las calles de París. Como si se hubiera detenido a hacerlo en el momento, inmediatamente tras la batalla. Aunque está claro que fueron unas imágenes que se le quedaron grabadas en la memoria, ya que la obra la pintó años más tarde. Concretamente entre los años 1850 y 1851.

Pero pese a esa diferencia de tiempo lo presenta con el mismo verismo que si lo hubiera retratado en la propia calle Mortellerie. Algo lógico viendo unas escenas tan dolorosas. Está claro que a él esos acontecimientos le marcaron y le dolieron, y piensa que lo mismo le ocurrió a toda Francia.

De hecho, en el primer plano, sobre los adoquines se ve un cadáver vestido con unas ropas azules, blancas y rojas, como si fuera la bandera tricolor francesa, que está completamente desgarrada. El signficado está claro, lo que nos presenta es un país devastado por una cruenta guerra civil.

En este personaje central descansa toda la carga simbólica de la obra, de hecho, cuando él presentó el cuadro en la gran Exposición de 1851, el título que le asignó al lienzo fue “Recuerdo de la guerra civil”.

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