Arte

La calle de Balthus

Publicado por A. Cerra

El francés Balthasar Klossowski de Rola, mucho más conocido como Balthus, mantuvo durante toda su vida (1908 – 2001) con una constante relación con el escándalo. Y el motivo es que desde sus primeras exposiciones, uno de los temas predilectos de su arte fue pintar niñas cargadas de sensualidad, e incluso erotismo. Y aunque él siempre dijo que esas pequeñas no le interesaban más allá de ser perfectas representaciones angelicales de la inocencia, lo cierto es que la sospecha de pedofilia y el escándalo impregnó varios momentos de su vida.

La calle de Balthus

Incluso en obras como esta, donde el asunto es menos explícito, también hay algún tratamiento sexual de una niña. En este cuadro de La calle, pintado en 1933, cuando se expuso llamó la atención por la escena que se desarrolla en el lado izquierdo, donde una muchacha parece librar una pelea para evitar una agresión sexual por parte de un adulto.

Eso fue lo que más atrajo los comentarios de la obra, pero lo cierto es que este lienzo tiene otros muchos puntos de interés. Por ejemplo, hay que saber que retrata un calle parisina real, la rue Bourbon-le-Château, pero le da una apariencia de teatro, un tanto surrealista. Algo que está presente en muchos otros cuadros del autor, y es que no hay que olvidar la excelente relación que mantenía con autores de ese estilo como André Bretón. Si bien es cierto que la nómina de amigos intelectuales de Balthus era extensísima, ya que como miembro de una familia francesa asentada en la élite intelectual conocía a todo el mundo, desde Picasso a Camus, desde Man Ray a Cocteau o Giacomentti. Es decir, tiene una riqueza cultural ingente y eso también se ve en sus composiciones.

Por ejemplo, el renacentista Piero della Francesca era todo un referente en su pintura. Y aquí tal vez le rinda un peculiar homenaje con ese carpintero que carga una viga de madera, cuya postura puede recordar una escena de los frescos de Leyenda de la Vera Cruz que el artista italiano pintó en el siglo XV en Arezzo.

Pero como decimos el universo de Balthus es riquísimo, y aquí parece plantearnos algo similar a un friso, donde las figuras están estilizadas y paralizadas en plena calle. Algunas incluso ni siquiera son reales, como el cocinero que hay en la acera, que en realidad es un reclamo publicitario, pero cuya apariencia cuadra a la perfección con el resto.

Hay críticos que han querido relacionar la escena con el libro Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. La propia Alicia sería la niña que está agachada y que ha sido sorprendida jugando. El hombre de la viga se podría identificar con el carpintero de Carroll o el joven que camina hacia nosotros sería el personaje Tweedledum.

Aunque todo eso no deja de ser una interpretación crítica. Lo que sí parece confirmado es que todo lo que se ve en esta calle parisino está detenido en el tiempo e inmóvil. Salvo la pareja que lucha, pero a la que nadie hace caso, mostrando así también la idea de aislamiento social.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX