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«La Cámara de los Esposos» de Mantenga

Publicado por Chus


La ciudad de Padua se convirtió hacia finales del siglo XV en uno de los focos artísticos más vigorosos del Renacimiento italiano, que irradió su influencia hacia el Norte de Italia. El pintor Andrea Mantenga se formó en este ambiente rico y variado, llegando incluso a casarse con una hermana de Giovanni Bellini (reconocido pintor veneciano), que dejaría en él su huella artística, aunque hablando con propiedad habría que decir que la influencia fue mutua, ya que futuros pintores de la escuela veneciana estarán influidos por Mantegna. A mediados de siglo se traslada a Mantua para trabajar en la corte de los Gonzaga, donde Isabel D¨Este actuará como un auténtico mecenas para Mantenga. El artista se inscribe en la tendencia denominada científica (basada en Giotto), en la búsqueda de volúmenes, de la perspectiva, con ensayos de fondos paisajísticos, insertando a la figura en el espacio. La “Cámara de los Esposos” pintada en1474 en el Palacio Ducal de Mantua es considerada como una de sus obras maestras, y el único resto que ha quedado de los frescos del Palacio Ducal, realizados también por él.

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Se trata de un paisaje continuo interrumpido por elementos arquitectónicos, en el que se desarrollan diversas escenas de la visita realizada por el jovencísimo cardenal Francisco Gonzaga a su padre, Luis dos años antes. Los edificios arquitectónicos que aparecen en las distintas representaciones recuerdan a los monumentos de la Roma imperial y siempre están situados en la lejanía. Los personajes de las diferentes escenas aparecen en un primer plano y son de gran tamaño, algunos constituyen verdaderos retratos e, incluso se ha querido ver en alguno de los allí representados el propio autorretrato de Mantenga sobre una pilastra. Se trata de un documento histórico irrepetible, ya que nos muestra a toda la corte de Mantua, ejemplo de una renacentista, en la que incluso aparecen los niños.

En esta obra se muestra una vez más la energía escultórica de sus figuras, ya que sus superficies parecen más cinceladas que pintadas, remarcando mucho los perfiles y haciendo que sea una pintura lineal. Es conocido que su gusto por la escultura de Donatello hace que sus figuras adquieran un relieve semejante al de la piedra o al del metal. La monumentalidad característica de sus figuras se acentúa por el uso de un punto de vista muy bajo, con lo que sus figuras tienden a proyectarse al fondo o al cielo. Su gusto por la masa hace que valore especialmente el scorzo, que le sirve para conseguir sensación de profundidad. En esta obra destaca sobre todo su interés ilusionístico, usando plantas que parecen colgar del aire, ayudando a dar sensación de profundidad, o guirnaldas en los lunetos o supuestos medallones con emperadores romanos en estuco, que en realidad son pintados

La total fusión entre pintura y realidad que logra en esta sala tiene su punto culminante en el techo, ya que en una cubierta plana nos hace creer que es cóncava, abierta al cielo, con una barandilla por la que se asoman una serie de familiares de la corte, unos amorcillos e incluso una serie de aves

Las tonalidades suaves y apagadas de estos frescos realizados directamente sobre el muro, los gestos lentos y contenidos y la ausencia de movimiento confieren a las figuras, incluso a las infantiles, una fantástica dignidad y lejanía, una especie de seriedad con ciertos matices hieráticos en un clima que no parece de este mundo.

Categorías: Pintura, Renacimiento