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La cometa, Goya

Publicado por Laura Prieto Fernández

A través de numerosas obras como La gallinita ciega o Los niños inflando una vejiga, podemos observar la importancia que los juegos populares presentan en la pintura de Goya; sin embargo no debemos pensar que lo que realmente se preocupaba por captar el artista eran estos juegos populares, más bien éstos se presentan en sus lienzos como una mera excusa para representar aspectos más destacados que realmente preocupaban al pintor como por ejemplo la vida de la sociedad madrileña de su época.

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Muchas veces podemos oír aquello de <<la figura de Goya como cronista de su época>>, una frase un tanto manida pero que en esencia resulta completamente verdad, mejor que ningún otro pintor Goya representó no sólo los juegos y pasatiempos de la sociedad madrileña como en la obra que aquí nos ocupa, también representó sus vicios y pecados o incluso su lucha por la independencia en obras como Los fusilamientos del 3 de Mayo.

Francisco de Goya y Lucientes (1746 – 1828) es el mejor representante de la pintura Neoclasicista en España y una de las figuras pictóricas más destacadas de todos los tiempos. Nacido en Zaragoza, su primera formación artística fue en algunos talleres locales y posteriormente en la Academia de Bellas Artes de Zaragoza, pero sin lugar a dudas el hecho más destacado para su formación fue su viaje a Italia donde conoció la pintura de los grandes clásicos. A su vuelta a España se traslada a Madrid a mediados de la década de los setenta y allí, por influencia de Antonio Bayeu entra a trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.

La obra que aquí nos ocupa está realizada en óleo sobre lienzo y es uno de esos cartones preparatorios que más adelante debían de convertirse en tapices. Fue encargado por el monarca Carlos III como parte de la decoración del Palacio del Pardo de Madrid; en este contexto Goya realizó cuatro series distintas de cartones para tapices y la obra que aquí nos ocupa se situaría dentro de la cuarta y última serie destinada a decorar la habitación del príncipe y futuro monarca Carlos IV.

Pese a su título, el juego de la cometa aparece arrinconado en la esquina superior derecha mientras que los verdaderos protagonistas de la escena son los majos y majas de Madrid que se divierten al aire libre, supuestamente en los entornos de las llanuras de San Isidro. Los coloridos de sus trajes son brillantes destacando las contraposiciones entre los amarillos intensos y los azulones. De la misma manera debemos destacar el tratamiento lumínico que el artista realiza del cielo de la escena en el que a pesar de la luminosidad que se presenta encontramos grandes nubarrones blanquecinos y agrisados que ocupan el cielo.

Al fondo se pueden apreciar las formas de una arquitectura en la que aparecen las influencias racionalistas y neoclasicistas de la época con volúmenes bien marcados y definidos. En la actualidad la obra se conserva en perfecto estado en el Museo del Prado de Madrid.

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