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La familia de los duques de Osuna de Goya

Publicado por A. Cerra

La familia de los duques de Osuna de Goya

En esta época, Francisco de Goya está gozando de un enorme prestigio en la corte de Madrid. Y los aristócratas se disputan sus servicios para que los retrate. Uno de los afortunados es la familia de los duques de Osuna a los que les hace este cuadro entre los años 1787 y 1788. Un óleo que hoy podemos ver en el Museo del Prado de Madrid.

Se trata de un cuadro que podemos enmarcar dentro de la línea más intimista del arte rococó. Nos presenta a la familia en un ambiente de interior, pero sin un fondo concreto. Los protagonistas son los retratados y como notas más familiares aparecen los juguetes o el perrito.

Nos presenta al duque, a su esposa y los cuatro hijos que en ese momento tenía el matrimonio. El duque viste como militar y pero eso sí, de luto por la muerte de su padre. Mientras que la señora va a la moda de la época con un vestido de inspiración francesa. Al mismo tiempo que los niños van engalanados para la ocasión de ser inmortalizados en el retrato, pero Goya ha sabido transmitir que son niños y que en realidad ellos están pensando en jugar.

Lo cierto es que el pintor les tenía un gran afecto a esta familia, ya que ellos fueron los primeros mecenas con los que contó a su llegada a Madrid. Por esa razón hay distintas obras en las que los retrató. Si bien en esta ocasión fue una de las primeras veces que hizo un retrato familiar, una variedad del género a la que no se estaba demasiado acostumbrado en el arte español.

De ahí que algunos historiadores piensen que esta pose familiar sería una propuesta de los propios duques, los cuales se contaban entre las personalidades que representaban la Ilustración en España y conocían las modas culturales que tenían lugar en otros países de Europa, donde este tipo de retratos eran mucho más habituales. Aunque hay que entenderlo no solo como una muestra de su cultura y modernidad, al mismo tiempo aparecer en una imagen así los colocaba en un nivel muy alto de la aristocracia, a una altura muy próxima a la propia familia real, la cual también inmortalizaría Goya en la célebre Familia de Carlos IV.

Pero pictóricamente hay que valorar como Goya sabe eliminar cualquier elemento accesorio del fondo. A él no le interesa tanto plasmar el nivel social de los retratados, como poder hacerles un retrato psicológico. De ahí que tampoco los vestidos sean los protagonistas, de hecho se van repitiendo entre los personajes. Pero en cambio, los rostros de todos ellos son diferentes, y ahí está el auténtico arte del retrato del pintor.

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