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La comulgante de María Blanchard

Publicado por A. Cerra

Esta obra la realizó en 1914 la pintora española de vanguardia María Blanchard, cuyo nombre real era María Gutiérrez Cueto (1881 – 1932).

En el caso de La comulgante se trata de una imagen que sobre todo nos transmite un tono humorístico y de fina ironía sobre la sociedad española de principios del siglo XX, una sociedad un tanto atrasada respecto a otros países europeos. Esto lo hace a través de un cuadro en el que vemos un niña de siete años que de alguna manera ya se integra en el sistema. Ese tono de humor, y también de cierta crítica, lo plasma jugando con las formas y colores de todos los objetos característicos del rito de la comunión: el vestido, el reclinatorio de terciopelo, etc. De alguna forma, se percata de lo ridículo que es en sí el tema, y lo critica sin ninguna piedad.

La comulgante de María Blanchard

La comulgante de María Blanchard

La obra la expuso en el Salón de Otoño de París en 1920, y los críticos que contemplaron la obra coincidieron en señalar que se trataba de un cuadro en el que la autora había utilizado un realismo que a la vez era terrible e ingenuo, es decir, consigue con una imagen ser al mismo tiempo mordaz y naïf. Y eso lo logra haciendo una obra que en realidad es una búsqueda de los elementos más vanguardistas de la época, los comienzos del siglo XX, posiblemente el periodo de mayor efervescencia artística de la historia.

Y aún así, aunando elementos de aquí y de allá de diversas corrientes de vanguardia, consigue crear una obra completamente personal, algo que seguirá haciendo durante toda su carrera.

Ese estilo característico de María Blanchard se basa en un dibujo muy preciso, agudo e incisivo, que le sirve a su malicia para romper los moldes establecidos. Algo que ya hacía ella misma, siendo mujer e integrándose en un mundo tan tradicionalmente masculino como había sido el del arte.

En esta obra se pueden ver ciertos recuerdos del Simbolismo, como es el marcado carácter decorativo del conjunto, en el que también se respira un tono muy ingenuo en la disposición de los diferentes elementos. Pero al mismo tiempo, el volumen que le concede a la figura, el tipo de iluminación que baña la instantánea o las texturas de los paños son muy similares a las que desarrollarán otros pintores de la corriente del Surrealismo.

Pese a su apariencia, se trata de una pintora bastante hermética, y todo tiene un tono muy onírico. A lo cual ayuda que el cuadro es ópticamente plano, pero una planitud muy compleja, porque la consigue insistiendo en los efectos de perspectiva, combinándolas de forma variada y contradictoria. De hecho, en según qué zonas del cuadro emplea una perspectiva aérea, pero en otros elementos usa la perspectiva caballera, la italiana o la frontal.

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