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La destrucción del templo de Jerusalén de Poussin

Publicado por A. Cerra

Uno de los más grandes mecenas de la Roma del Barroco fue el cardenal Francesco Barberini, sobrino del Papa Urbano VIII, del cual además era un estrecho y fiel colaborador. Pues bien, desde esa posición privilegiada y como buen potentado de la época promovió un sinfín de obras y encargo muchos monumentos, esculturas o cuadros.

La destrucción del templo de Jerusalén de Poussin

Y una de esas pinturas fue esta que le encargó al pintor francés Nicola Poussin, quien lo hizo entre los años 1638 y 1639 durante su estancia en la capital italiana. Un cuadro que representa el momento en el que emperador romano Tito entró en Jerusalén tras un largo asedio. Una victoria que en la Roma Imperial mereció la construcción del famoso Arco de Tito.

Una conquista que supuso la total destrucción de la ciudad, así como de su mítico templo. Y no solo eso sino que mató a gran parte de la población de la Ciudad Santa, y los que no fueron asesinados acabaron como esclavos. Es decir, todo un drama que aquí Poussin nos lo presenta con todo lujo de detalles, algo que sin duda es muy propio de su estilo, ya que uno de los objetivos de este pintor barroco era intentar mostrar, más bien narrar, la vida humana en todas sus vertientes y dotar a sus escenas de una gran carga emotiva. Algo que se puede ver en otras obras suyas como La peste de Asdod o El rapto de las sabinas.

Y realmente, el pintor se explaya en los detalles de este tipo. Podemos apreciar todo el ensañamiento de la sangrienta represión que sufrieron los rebeldes judíos, y eso que Tito, retratado a lomos de su caballo blanco, dio orden expresa de que sus legionarios solo mataran a la gente que fuera armada, algo que no se cumplió. Y Poussin pone especial énfasis en ello, ya que desde el primer plano se descubren los cadáveres e incluso las cabezas de los decapitados.

Además hay que sumarle que el encargo viene por parte de un alto cargo del Cristianismo y por ello debe haber un protagonismo claro de los elementos religiosos. Por esa razón no puede extrañar que el templo ocupe gran parte del espacio y que incluso su presencia, especialmente su imponente columnata, enmarque la escena. Con ese fondo vemos como los legionarios romanos se van apropiando de los objetos sagrados.

En definitiva, un episodio con lo que se identifican los cristianos, al ser Jerusalén cuna de su religión, si bien es cierto que la toma de esa ciudad y la destrucción del legendario pueblo es un hecho mucho más recordado por el Judaísmo, ya que para los hebreos aquel acontecimiento representa el inicio de la diáspora judía.

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