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La Historia del Islam de Muhammad Racim

Publicado por A. Cerra

Al argelino Muhammad Racim (1896 – 1975) se le considera un auténtico renovador del arte de la miniatura desde su taller pictórico de Argel. Una renovación que coincidió con la creación del interesante Museo de Bellas Artes de Argel, donde había una interesante colección de arte occidental, dado que por entonces ese país del norte de África era una colonia de Francia.

La historia del Islam de Racim

Él supo fundir en sus miniaturas las referencias de Oriente y de Occidente, introduciendo conceptos pictóricos como la perspectiva. Y en lo referente al arte religioso, hace una novedad que rompe con ciertas normas. Introduce la figura humana. Durante siglos el arte musulmán se había basado en el concepto de ornamento, trabajando a partir de motivos geométricos, florales o animales.

Introducir la figura humana era algo casi prohibido, ya que suponía intentar compararse con Dios, al pretender crear la naturaleza. Racim ya dominaba la representación de figuras humanas, ya que había ilustrado el libro de las Mil y una Noches. Pero no había osado introducirlo en escenas religiosas.

Sin embargo cuando pintó esta Historia del Islam, contó el relato de esa religión prácticamente desde la Hégira hasta el siglo XX, y eso era inconcebible hacerlo sin pintura a personas.

El relato ilustrado se lee, como el árabe, de derecha a izquierda. Así que en la esquina superior derecha comienza con la imagen de la Revelación del Corán a Mahoma por parte del Arcángel Gabriel. A partir de ahí pinta toda la historia del Islam pasando por los escenarios y lugares más carismáticos, como la Ka’aba de La Meca, la Basílica de Santa Sofía transformada en mezquita de Estambul durante el periodo otomano o el Taj Mahal de la India.

Y del mismo modo aparecen personajes históricos como Mehmed II fundador del Imperio Otomano, o Barbarroja protegiendo con su brazo la ciudad de Argel la Blanca.

En definitiva estamos ante una obra exquisita en la forma y el contenido. Una miniatura ilustrada de lo más delicada, que renovó el arte argelino. Y lo hace a partir de la tradición, ya que Racim antes de esto había viajado a Siria o Egipto para formarse con los mejores ilustradores árabes. Pero además se cruzó en su camino el pintor francés y orientalista Etienne Dinet, que iba a suponer un cambio importante en su modo de ver el arte. Y aunque nunca dejó de estudiar las miniaturas persas o la caligrafía ornamental, sin duda su introducción de la narrativa y el detalle en sus figuras supone la gran renovación de la figuración en temáticas islámicas.

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