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Virgen con el Niño e historia de la vida de Santa Ana de Lippi

Publicado por A. Cerra

Filippo Lippi (h. 1406 – 1492) como otros pintores de su tiempo, como por ejemplo Fra Angelico, también fue monje. Sin embargo Lippi llevó una vida que no fue en absoluto casta y hay noticias de sus romances y amoríos con diferentes monjas. Lo cual no le impidió realizar numerosas obras de carácter religiosa como su famosa Anunciación o la tabla que aquí nos ocupa.

Virgen con el Niño e historias de la vida de Santa Ana de Lippi

Y quizás por su carácter más mundano, la obra de Lippi también tiene rasgos más humanos y menos místicos que las de su contemporáneo Fra Angelico. Y un magnífico ejemplo es esta tabla titulada Virgen con el Niño e historia de la vida de Santa Ana donde abundan los detalles propios de la vida cotidiana del siglo XV.

Lippi tuvo esa capacidad para saber incluir en las imágenes religiosas, escenas que se podían ver en cualquier calle o casa de la época. Por ejemplo, se ve a alguien subiendo unas escaleras con prisas, o hay unas mujeres que cargan con sus cestos y a las cuales se les aprecia cansadas. Eso le da naturalidad a su pintura y también le permite incluir elementos que aportan encanto como un niño que llama la atención de su madre tirando de su vestido.

Además incluir elementos así, hace más comprensible una pintura como esta que en el fondo es bastante compleja. Para empezar porque en ella se incluyen muchos episodios narrados en la Biblia y que están separados por mucho tiempo.

Nos narra que Jesús nació de María, pero el nacimiento que vemos en realidad es el de la propia Virgen, la cual a su vez tuvo como madre a Santa Ana, que era una mujer estéril. Ese nacimiento está justo detrás de la figura de la Madonna que ocupa todo el primer plano de la obra.

Mientras a nuestra derecha se ven las escaleras, en la que es la misma Santa Ana la que está recibiendo la noticia de su embarazo. Es decir, vamos hacia atrás en el tiempo.

Pero como dirigir al espectador en esa narración. Pues Filippo Lippi utiliza varios elementos. Entre ellos destaca el color rojo que curiosamente nos ayuda a navegar por las escenas. Primero miramos el vestido rojo de María en primer plano, y de ahí dirigimos la vista hacia las ropas rojas que se ven la cama de Santa Ana, a las cortinas que tiene encima y por último a la camisa roja del hombre que sube rápidamente las escaleras para darle la buena nueva a su esposa.

El color rojo unifica todo, y no es nada fácil en una composición tan compleja, en la que Lippi ha incluido sabiamente diferentes recursos de perspectiva en las escenas. En fin, estamos ante una maravillosa obra del Quattrocento. Una obra en la que también merece la pena detenerse en la delicadeza de la pincelada, capaz de crear velos trasparentes o rostros pálidos y luminosos al mismo tiempo. Es decir, Filippo Lippi fue un artista de primera línea y no hay que extrañarse al saber que fue el maestro del gran Botticelli autor de las célebres telas de La Primavera y el Nacimiento de Venus.

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