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La Anunciación de Fra Filippo Lippi

Publicado por A. Cerra

Anunciación de Fra Filippo Lippi

En la vida de Fra Filippo Lippi (h. 1406 – 1469) se juntan el talento artístico con una biografía casi digna de una novela. Siendo un niño quedó huérfano, por lo que fue acogido en un convento en el que se le inclinó hacia la vida religiosa. De hecho, tomó los votos en la iglesia florentina del Carmine, donde siendo un adolescente pudo ver trabajar en la Capilla Brancacci a Masolino y a Masaccio. Algo que desde luego despertaría su interés por la pintura.

Tanto que pronto se vio que tenía más inclinación por el arte que por los hábitos de monje carmelita. Algo que quedó corroborado, cuando siendo capellán en un convento de Prato mantuvo relaciones con una monja, y ambos acabaron siendo padres. Por cierto el niño se llamó Filippino Lippi y también acabaría siendo un estupendo pintor.

Por aquellos años, los Medici eran una familia muy poderosa en Florencia y su entorno, de manera que acogieron a Lippi, consiguieron que se pudiera casar con la monja y le encargaron varias obras. Por ejemplo esta tabla que representa el pasaje bíblico de La Anunciación, ya que se sabe que colgaba en el palacio familiar florentino. E incluso los cronistas hablan de que esta obra, que actualmente atesora la National Gallery de Londres, formaba pareja con otra tabla en la que Lippi pintó varios santos muy venerados por los Medici.

Lo cierto es que esta obra es aparentemente bien distinta a la Anunciación más famosa pintada por Lippi. Y aunque hay ciertas diferencias formales, en el fondo el relato y los elementos son los mismos.

A un lado el Arcángel Gabriel arrodillado que se presenta ante la Virgen. Y entre ambos, como eje del cuadro un macetero con los lirios blancos que simbolizan la pureza de María. Mientras que en la parte alta surge la intervención divina, en este caso con la mano de Dios que ha enviado a la paloma que es el Espíritu Santo. Podemos seguir en espiral el vuelo del ave que deja un rastro brillante y dorado, hasta que está a punto de llegar al vientre de María.

Desde el punto de vista artístico, es una obra propia del Quattrocento. Vemos una composición simétrica, e incluso ambas figuras parecen ser el reflejo una de otra. Las dos se ubican en ambientes distintos, pero enfrentadas, y se sitúan en el espacio gracias a una perspectiva central muy básica, amparada en la exagerada inclinación del suelo. Pero al mismo tiempo la sutilidad se aprecia en la calidad de las líneas, los colores y la delicada ornamentación de la escena.