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La Pintura Románica

Publicado por Chus

Nos encontramos ejemplos de pintura durante el Románico en miniaturas, frontales y frescos murales. De éstos últimos son de los que vamos a hablar. Como los principales ejemplos del estilo conservados son religiosos, la temática de la pintura también lo será. Dentro de la arquitectura románica se integran prácticamente en exclusiva las otras dos grandes manifestaciones de las artes pláticas, tanto la escultura como la pintura (hay escultura exenta y otros ejemplos de pintura además de la mural, como ya hemos señalado, pero la mayoría está en función de la arquitectura). Como el sistema constructivo románico se basa en el abovedamiento a base del arco de medio punto prolongado en el espacio, es decir el uso de la bóveda de cañón, es necesaria la presencia de gruesos muros que contrarresten la serie de presiones que ésta genera. Pero estos gruesos y abundantes muros, se destinarán además a cumplir otra importante función, la didáctica, lo mismo que la escultura, colaborando a la concepción general del edificio como una representación del microcosmos cristiano.

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Como durante el período que sucedió a la caída del Imperio Romano, la pintura mural, prácticamente desapareció (cuestión de economía de medios), los artistas románicos se inspiran en la miniaturas de los códices mozárabes y en el mundo bizantino. De Bizancio toman la concepción de la silueta, a base de grandes líneas y el aire hierático, atemporal de las figuras. De los códices miniados, las estilizaciones del dibujo, los pliegues de los ropajes paralelos, caligráficos y algunos rasgos desorbitados que, en ocasiones hace que se pierda la impasibilidad bizantina, para asumir pasiones más humanas.

Técnicamente esta pintura se realiza al fresco sobre muro, diluyendo los colores en ocasiones con aceite, cola, goma o clara de huevo para realizar los retoques finales. Su concepción estética es semejante ala escultura, mostrando escenas y figuras dotadas de elementos antinaturales, tendentes a la abstracción, con grandes ojos geometrizados y formas esquemáticas, como corresponde a este movimiento artístico que busca trasmitir vivencias religiosas más que formas reales. Se trata de unas figuras dotadas de gran expresividad que, a través del gesto, manifiestan sus pensamientos.

Es una pintura frontal, plana, carente de volumen, bidimensional. Los leves efectos de modelado se logran con recursos tales como el uso de líneas paralelas hechas con tonos oscuros y claros para acusar el bulto. Los colores planos, sin gradación tonal, corresponden a un mundo medieval lleno de simbolismo. Los fondos son lisos y casi sin ambientación espacial o paisajística. La perspectiva no interesa, graduándose la profundidad a través del uso de anchas franjas de colores.

El dibujo es muy importante, pues mediante trazos gruesos se realizan los contornos, de forma que se asemeja a la fabricación de vidrieras o esmaltes, separando con un trazo negro cada superficie cromática.

La temática más utilizada la podemos dividir en tres grandes grupos, las que tratan de la “manifestatio” de la Divinidad, es decir representan temas como “Pantocrátor” o “María y el Niño”, situadas en el lugar más destacado de la iglesia; las de escenas de “testificatio”, normalmente representaciones de los apóstoles, situadas bajo las anteriores y las de “narratio”, sobre todo de milagros de Cristo, colocadas en lugares secundarios.

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