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«La Virgen del canciller Rolin» de Jan Van Eyck.

Publicado por Chus

La “Virgen con el Niño”, llamada comúnmente “Virgen del canciller Rolin” es una pintura realizada en óleo sobre tabla conservada en el Museo del Louvre (París, Francia), siendo una de las obras más famosas del pintor flamenco Jan Van Eyck, pintado en la primera mitad del siglo XV. Este cuadro fue encargado al pintor por el canciller Rolin tras haber sido nombrado Duque de Borgoña Felipe el Bueno. En un lujoso interior enmarcado por tres arcos de medio punto peraltados entre los que se abre un paisaje, aparece el retrato del donante adorando a María y al Niño. En el siglo XV bajo el mecenazgo de los Duques de Borgoña florece un estilo artístico, en el que iglesia y burguesía se convierten también en clientes de una serie de artistas como la familia Van Eyck. Este tipo de clientela demanda obras de pequeño tamaño sobre tabla para adornar las estancias hogareñas. Su gusto burgués se va a encaminar hacia asuntos que muestren la opulencia de la vida real, la materialización de la riqueza (digamos que se cree en lo que se palpa).

La Virgen del canciller Rolin

La composición de esta escena se articula en dos partes. A la derecha, la más ancha, se sitúa la Virgen, representada como una joven con expresión recogida y seria en posición sedente que, sostiene en sus rodillas al Niño desnudo que aparece bendiciendo con la mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene una cruz realizada con joyas, preludio de su inmolación. No es la Virgen “theothocos” del románico, ni la Virgen “kariotisa” del gótico, ya que Madre e Hijo, aunque no distantes, no se comunican, pero se muestran totalmente humanizados. Tras ellos aparece un ángel cuya cabeza enlaza con la de María y el la del Niño en una clara línea diagonal, que sostiene sobre la cabeza de la Madre de Dios una riquísima y enjoyada corona como reconocimiento de su majestad. El ángel y la Virgen solo muestran las manos y el rostro enmarcado por sendas cabelleras rubias sueltas, ya que amplios y gruesos ropajes ocultan y cubren sus cuerpos.

A la izquierda aparece el retrato del donante de rodillas, en posición de adoración ante la Madre y el Hijo. Se le representa ricamente ataviado con un lujoso traje con brocados de oro ribeteado en las mangas y bordes por piel, como corresponde a un hombre de su elevada categoría social, impregnado de seriedad y señorío, apoyado sobre un reclinatorio cubierto por una tela de terciopelo y ante un grueso breviario.

La perspectiva se logra de diferentes formas. Una de ella es a través del rico suelo de mármol que aparece entre las dos partes de la escena, otra del ritmo de las arcadas laterales que también nos llevan hasta el fondo, hasta la ventana ante la que se abre un paisaje que se prolonga a través del río sinuoso hasta el fondo de las montañas.

Con la técnica del óleo se consigue la minuciosidad requerida en cada uno de los pequeños detalles del cuadro. Van Eyck cuida hasta los más pequeños e insignificantes, desde los minuciosos capiteles historiados, las pequeñas vidrieras emplomadas situadas sobre los arcos de la ventana hasta los insignificantes detalles del paisaje del fondo (identificado por algunos autores cono Lieja; para otros sería Lyon o Utrech), como los personajes colocados en las barcas, las plumas de las aves sobre el balcón, etc.

Los colores de la obra son brillantes, llenos de matices y tonos, destacando sobre todo el intenso rojo del manto de María o el riquísimo brocado del ropaje del canciller, en el que vemos brillar los hilos de oro. Evidentemente esto es producto de la técnica utilizada. Al poder trabajar lentamente y retocar constantemente a base de veladuras y barnices, los efectos de texturas, tejidos, detalles, etc., que permite el óleo, ofrecen este aspecto de materialidad y detallismo.

Categorías: Gótica, Pintura