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Las Majas de Goya

Publicado por Chus

maja-vestida-de-goya.jpgEstos dos cuadros (óleos sobre tela) fueron pintados por el artista entre los años 1803 y 1806 y se sabe que el 1 de enero de 1808 figuraban en la colección de Godoy, valido del rey Carlos IV. Dentro de la carrera profesional de Goya es un momento en el que goza de la más alta consideración social y prestigio entre la Corte y el resto de la nobleza, quien acude a él para que los retrate, ya que su fama y destreza en ese campo era considerable. Son dos obras que parecen retratar a la misma mujer recostada sobre una especie de cama, recogiendo la iconografía que se remonta a la escuela veneciana del Renacimiento, apareciendo en uno de ellos totalmente desnuda y en el otro vestida.

Con respecto a la “Maja desnuda” cabe decir que el tema es excepcional en la pintura española y motivó que el Tribunal de la Santa Inquisición abriese un expediente y un proceso de investigación al pintor por ella. Cierto es que Velázquez ya había pintado a mediados del siglo XVII la “Venus del espejo”, un desnudo, eso sí, de espaldas, pero aquí, la desnudez se justificaba al tratarse de un tema mitológico, no así en la maja de Goya, que no se trata de ninguna diosa, sino de una mujer real. Ésta contempla al espectador con cierta ingenuidad recostada sobre los blancos cojines que destacan aún más al estar sobre la tela azul terciopelo, lo que contribuye a aumentar los reflejos y resplandor de las telas. Es una mujer pequeña, delgada, con los senos muy separados, que se corresponde con el tipo de fisiología que al parecer (por sus retratos) tenía la Duquesa de Alba, Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, por lo que durante mucho tiempo se creyó que se trataba de un retrato de ella, afirmación que en la actualidad no parece contar con verosimilitud. Lo que sí está claro es que esta mujer de cabellos negros y rizados que nos mira, no es ningún ser divino, sino una mujer de carne y hueso, tal vez un tanto provocativa que deja ver su cuerpo carente de cualquier adorno, que precisamente destaca por la perfecta transcripción de la nacarada calidad de su piel. Se ha dicho que, junto a la “Venus de Urbino” de Tiziano, a la Venus de Velázquez y a la Olimpia de Manet (en cuya ejecución influyó enormemente la obra de Goya), es uno de los desnudos más fascinantes de la historia del arte. De todas formas, en su ejecución se trata de una de las obras menos goyesca, ya que se trata de un lienzo académico, frío, neoclásico, en el que destacan la profusión de los tonos nacarados que realzan la lejanía.

“La maja vestida” repite modelo y postura, pero cubre totalmente su cuerpo con ricos vestidos muy del gusto de la moda de entonces dentro de la nobleza, con una túnica de color marfil que le tapa el cuerpo desde el cuello hasta los tobillos. Pero, curiosamente, aparece si cabe más voluptuosa que la anterior por la opulencia de sus formas y la intensidad de su mirada, mucho más fuerte y penetrante que la de la “Maja desnuda”. El preciosismo y el refinamiento de sus vestidos y adornos contrastan fuertemente con el desnudo de su gemela. En este lienzo las pinceladas son más sueltas y de técnica más goyesca, siendo mucho más personal de Goya su ejecución. Debido a ello, parece viva y la transparencia del vestido que deja adivinar su cuerpo, la mirada pícara y el menor academicismo, expresan con mayor sensualidad la voluptosidad femenina que su gemelo desnudo.

Se dice que el primer ministro Godoy (favorito de la reina Mª Luisa de Parma), no los tenía uno junto al otro, sino que el de la “Maja vestida” cubría al de la “Maja desnuda”, como una especie de pantalla que con un ingenioso juego de resortes descubría el del fondo. Posteriormente las dos pinturas pasaron a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde la “Maja desnuda” se mantuvo oculta durante casi un siglo.