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Les Vessenots en Auvers de Van Gogh

Publicado por A. Cerra

La fecha de 1890 de este cuadro de Vincent Van Gogh nos da una pista sobre el estilo con el que pinta la tela el artista. Se trata de una pincelada nerviosa, agitada, repetitiva, propia de su último periodo creativo y vital. Pero al mismo tiempo, es un momento de cierta felicidad y de ahí sus colores luminosos, radiantes y escasos, solo amarillos y verdes, todos ellos aplicados con ritmos ondulantes.

Les Vessenots en Auvers de Van Gogh

Y es que no hay que olvidar que este cuadro lo pintó en la primavera de 1890 cuando decidió instalarse en Auvers-sur-Oise, cerca del Doctor Gachet, el médico y coleccionista que tanto hizo por él, y que apoyó a otros artistas de la época, desde Pissarro y Daubigny hasta Cézanne. Ese fue su último refugio tras haber pasado un tiempo recluido en el hospital de Saint Remy. Y lo cierto, es que abandonar aquella institución, inicialmente fue algo muy positivo para su espíritu y su trabajo. De hecho, este periodo fue muy activo para Van Gogh. Realizaba casi un cuadro al día. Y algunos de eso lienzos fueron varios retratos que le hizo al propio Paul Ferdinand Gachet, además de las vistas de paisaje al área de Les Vessenots donde vivía, como contemplamos en este cuadro que hoy forma parte de la colección del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid pero que originalmente fue propiedad del citado Doctor Gachet.

Se trata de una vista en la que los campos de trigo con las casas de labranza ocupan prácticamente toda la tela, ya que el horizonte está extraordinariamente alto. El esquema compositivo se repite en varias obras de paisaje de este periodo, y es que el salir a la naturaleza a pintar le fascinaba, por la sensación de libertad que le proporcionaba, aunque al mismo tiempo le causaba una dolorosa soledad y nostalgia.

Esos sentimientos y otros los volcaba Van Gogh en sus vistas. Es cierto que pintaba del natural, pero plasmaba su visión más personal, lo que le sugería el encuadre. Unas veces son imágenes más apacibles, como esta. Otras más nerviosas, algo que se manifiesta en sus típicas ondas y remolinos en el ramaje de los árboles o en las nubes del cielo. Y otras veces todo era mucho más claustrofóbico y atormentado, dominando los colores más fuertes y oscuros, con unas pinceladas muy agresivas y nerviosas. Y es que no hay que olvidar que estas fueron sus últimas semanas de vida, y a comienzos de aquel verano de 1890 la profunda depresión en la que se había sumergido acabó por provocarle el definitivo y lamentable suicidio.

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