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Autorretrato de Van Gogh

Publicado por A. Cerra

El artista holandés Vincent Van Gogh se pintó a sí mismo en numerosas ocasiones a lo largo de su corta vida, entre otras cosas porque era el modelo más cercano y barato que tenía a su alcance. Y de todos esos autorretratos, quizás uno de los mejores es este que se hizo en el año 1889, uno de los últimos que terminó, ya que poco después se suicidaría.

Autorretrato de Van Gogh

El pintor había pasado unos meses en el sanatorio de Saint Remy para intentar encontrar el reposo mental suficiente a sus crisis nerviosas y su innegable alcoholismo. Y fue entonces cuando en las famosas cartas a su hermano Theo le dijo que era muy difícil conocerse a uno mismo, pero no era más fácil pintarse.

En esta ocasión elige una de sus poses más elegantes y ropas muy formales para retratarse. Mucho mejor vestido y más correcto de lo habitual, como queriendo plasmar su mejoría. De hecho, tenía la idea de mandar la obra a una exposición colectiva que se iba a hacer en Bruselas, aunque finalmente no lo envío.

La obra muestra un gran dominio del color. Toda ella se construye gracias a las numerosas variaciones de un tono dominante, el azul. Pero a ello le enfrenta otros tonos complementarios como el rojo de su barba y su cabello, y los tonos de verde que sacuden su rostro.

Un rasgo muy de Van Gogh son las ondas y remolinos que genera en el fondo, es como si fuera peinando a trazos el lienzo. Es un tipo de fondo que inmediatamente nos recuerda al cielo de La Noche Estrellada. Pero ahora no usa ese recurso para crear algo concreto como es el firmamento. En este caso solo es un fondo, eso sí un fondo ondulante, turbulento, algo así como la energía que fluye en el cuadro y en la cabeza del artista. Recorre la superficie del cuadro, sin punto de fuga, sin escapatoria. Está dibujando con el color, y está creando algo que es al mismo tiempo abstracto y expresividad pura. Unas formas llameantes que rodean a la figura y que se relacionan con la intensa mirada que nos muestra Vincent Van Gogh. Sin duda alguna, esta obra que hoy posee el Museo de Orsay de París es una de las grandes creaciones del artista holandés, y una demostración de porque su arte influyó tanto en las generaciones de artistas posteriores, pese a que él jamás fuera capaz de alcanzar triunfo alguno en toda su vida.

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