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Autorretrato con sombrero de paja de Van Gogh

Publicado por A. Cerra

Se conocen más de 35 autorretratos que se realizó el pintor holandés Vincent Van Gogh, todos ellos pintados en un corto espacio de tiempo, como corta fue su vida. Los motivos de semejante cantidad no son los mismos que en otros casos de grandes pintores de la historia, como puede ser Durero que se veía a sí mismo enormemente bello y se pintaba autorretratos como el mejor modelo posible. O como Rubens, que se pintó a sí mismo muy orgulloso de la posición social alcanzada gracias a su maestría con los pinceles.

Autorretrato con sombrero de paja de Van Gogh

Autorretrato con sombrero de paja de Van Gogh

Todo lo contrario, en la biografía de Van Gogh no se aprecia ese carácter de una altísima autoestima ni de orgullo personal. En realidad, fue una persona verdaderamente atormentada, y los motivos para tal profusión de autorretratos hay que buscarlos en su paupérrima situación económica que le impedía contratar a modelos para que posaran para sus pinturas, así que se elegía a sí mismo para pintar sus telas.

Por otra parte, si se ven todos sus autorretratos se puede descubrir la evolución que sufrió este pintor, tanto física como psicológicamente, al mismo tiempo que también se aprecia la evolución formal de su pintura.

En este caso, pintado en 1887 y que en la actualidad se conserva en el Detroit Institute of Art, se nos muestra como un pintor influido por el divisionismo, cuya técnica él no copió sino que reinterpretó, añadiéndole uno toques expresionistas al color. Van Gogh no se dedica a empastar puntos de color para lograr que se unan en el ojo y compongan otros tonos. En realidad, lo que él hace es yuxtaponer y superponer pinceladas en tonos diversos. Mientras que por otro lado su tratamiento de la luz le acerca a obras de los pintores impresionistas. Es decir, como se puede ver a lo largo de toda su producción pictórica, también en sus autorretratos Van Gogh se nos muestra como un pintor inclasificable y con un estilo personal único, que es capaz de beber de muchas fuentes para transformarlos en unas formas propias, que al mismo tiempo abrieron caminos a otros artistas posteriores.

Pero además de estilísticamente, también hay que ver la obra como una imagen o pasaje de su propia biografía personal. Aquí se nos muestra como una persona con cierta esperanza, ya que el lienzo lo pintó en el verano de 1887 en París. Cuando él ya estaba cansado del ambiente de la capital de Francia, de su luz y de su forma de vida, y ya había tomado la decisión de abandonar la ciudad para dirigirse hacia el sur, en busca de otros tonos, otras luces y con suerte un poco de fortuna con su arte. El destino que había elegido era la ciudad de Arlés, en la Provenza, en el Mediodía (Midi) de Francia.

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