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María Rusiñol en Cau Ferrat de Rusiñol

Publicado por A. Cerra

Santiago Rusiñol nació en Barcelona en el año 1861 en el seno de una familia burguesa enriquecida por la industria textil. Sin embargo pronto quedó huérfano y fue criado, junto a sus hermanos, por su abuelo, quién no quería en absoluto saber nada de la pintura. No obstante, Rusiñol desde niño mostró sus capacidades artísticas y fue aprendiendo casi a escondidas, hasta que finalmente su afición artística se oficializó de alguna forma al entrar en la escuela del Centro de Acuarelistas.

María Rusiñol en Cau Ferrat de Rusiñol

María Rusiñol en Cau Ferrat de Rusiñol

Entonces ya estableció contacto con otro artistas de los que iban a ser uno de los grandes pintores modernistas de la época: Ramón Casas. Si bien hay que decir que Santiago Rusiñol, no sólo destacó como pintor, sino también como escritor y como gran ideólogo del Modernismo catalán.

Tras esos años de formación, se fue a París, donde se empapó de las vanguardias de la época, y también entabló amistad como otro importante pintor español del momento, Ignacio Zuloaga, quién le dio a conocer uno de sus grandes referentes artísticos: El Greco, y con quién hizo un fructífero viaje hasta tierras italianas.

De hecho, Rusiñol viajó mucho a lo largo de su vida, tanto por España como por el extranjero, algo que le permitía su saneada economía de familia burguesa. No obstante, eligió un pueblo muy cercano a Barcelona, Sitges, como lugar de residencia más habitual. Y allí adquirió dos viejas casas de pescadores que fueron verdadero epicentro de la actividad cultural del momento. Una de estas casas es la que nos muestra esta obra, donde aparece retratada la hija del pintor.

Una obra que Rusiñol pintó en el año 1894, y que en la actualidad está en manos de un coleccionista particular y no en el propio museo Cau Ferrat que abre sus puertas en Sitges.

Fue allí en Sitges, donde pintó mucho más relajadamente que en sus años de juventud, y sobre todo donde se dedicó a crear una importante colección de artesanía, objetos varios y también arte que intercambiaba con sus amigos. De hecho, el arte de Santiago Rusiñol no es el propio de un gran genio de la pintura, pero en cambio sí que destacó mucho como agitador cultural, ganando con ello un enorme prestigio.

Tanto que incluso en 1917 fue nombrado por el rey Alfonso XIII como “Jardinero Honorario Mayor de los Reales Jardines de Aranjuez”, un lugar que pintó una y otra vez, al igual que hizo con otros famosos e históricos jardines de España, como los del Generalife de la Alhambra de Granada.

Y fue precisamente en Aranjuez, en el año 1931 donde halló la muerte, mientras estaba pintado sus amados jardines.

Categorías: Modernismo, Pintura