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Mariano Fortuny Marsal

Publicado por Laura Prieto Fernández

Mariano Fortuny (1838- 1874) fue un pintor español que pese a su vida, murió con tan solo treinta y seis años, ha sido considerado uno de los grandes genios del siglo XIX junto con artista de la talla de Goya o Eduardo Rosales.

Fortuny nació en Reus en el seno de una familia de carpinteros, con la muerte de su madre el pequeño fue adoptado por su abuelo con el que mantuvo una estrecha relación. Fue precisamente éste quien introdujo a su nieto en el taller de Domingo Soberano, no obstante su educación no acabó aquí; la maestría de Fortuny y su destreza para las artes le permitió entrar como aprendiz en el taller de un conocido platero que influyó en el detallismo de sus composiciones. Finalmente abuelo y nieto deciden trasladarse a Barcelona donde Fortuny entra en la Academia de la Llotja pero sin duda alguna, su mejor experiencia sería el viaje a Roma financiado por la Diputación Catalana.

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A su vuelta el gobierno catalán le envía a Marruecos como cronista de la guerra, allí Fortuny se enamora profundamente de la luz y cultura africana. Éste será tan solo el primero de varios viajes al continente africano que realizó, de ellos el pintor tomó el costumbrismo de sus pinturas, el gusto por el detalle. Sus obras nos remiten a la antigua Al Ándalus y nos trasportan a la multiculturalidad de las tierras fronterizas entre España y África. Lejos quedó el academicismo de sus primeros trabajos, el mundo oriental le atrapa por completo liberándose de las influencias de sus maestros.

El artista realiza diversos viajes entre los que cabe destacar sus visitas a Paris y sobre todo a Roma, paulatinamente su fama y prestigio fueron en aumento mientras los encargos se hacían más y más numerosos.
En 1867 contrae matrimonio con Cecilia Madrazo, hija del pintor Federico Madrazo al que Fortuny conoce y admira. Tras una breve estancia en granada la pareja se traslada a vivir a Roma donde abren un pequeño estudio. Con posterioridad se mudaran a Paris y Granada, lugar donde nacerá su hijo, el también pintor, Federico Fortuny y Madrazo.

Finalmente en el año 1874 regresa a Roma donde la muerte sesgó su vida con tan solo treinta y seis años de edad. Su prematura muerte le impidió seguir adelante en su producción pero aun así Fortuny fue uno de los más destacados artistas españoles y europeos; de hecho la mayoría de los estudiosos parece coincidir en que si Fortuny hubiera vivido más años, su calidad artística se hubiese equiparado con grandes genios como Velázquez o Goya. La obra de Fortuny es preciosista en detalles pero sobre todo en realismo y vitalidad. Su pincelada ligera y rápida otorga al cuadro una sensación de inacabado que no deja al espectador indiferente. Este non finito permite enlazar su producción con las obras de artista impresionista o incluso postimpresionistas.

Algunas de sus piezas más importantes son: La Batalla de Tetuán, La Odalisca, Viejo desnudo al sol o El vendedor de tapices.

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