Arte

Picasso y Dora Maar

Publicado por Laura Prieto Fernández

Tradicionalmente la historia del arte es conocida por la sucesión de distintos estilos artísticos y las figuras de eminentes artistas que han pasado a la posteridad como grandes genios del arte, sin embargo y paralelamente a la figura del artista, nos encontramos con una figura igual de importante y que marca una de las pautas más importantes en el desarrollo de casi todas las disciplinas artísticas, la musa. En un recorrido por la historia son muchas las mujeres –o en algunos casos hombres- que sirvieron como musas a los grandes genios pictóricos: Simonetta Vespucci a Boticelli, la Duquesa de Alba a Goya, Camille Claudel a Rodin etc. Sin embargo pocas de estas musas han determinado tanto a su artista como Dora Maar a Picaso a lo largo del siglo XX.

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Dora Maar (1907 – 1997), cuyo verdadero nombre era Henriette Theodora Markovitch, fue durante muchos años una de las figuras más relevantes de la sociedad parisina. Hija de un arquitecto de buena posición la joven practicaba tanto la pintura como la fotografía y parece ser que con gran acierto puesto que sus obras fueron alabadas en los círculos vanguardistas que comúnmente frecuentaba.

Su relación con Picasso comenzó cuando ella apenas contaba con veintinueve años y él con cincuenta y cinco y si bien es cierto que ella no fue la única musa del artista malagueño –son múltiples las amantes y musas que tuvo el pintor durante toda su vida- pero sin lugar a dudas Dora Maar fue una de las que más influenciaron al artista al compartir con él tanto su amor como sus inquietudes profesionales. Dora llegó a ser retratada en al menos cuatro tipos de lienzos, múltiples dibujos y fotografías, además de documentar el proceso creativo de una de las obras más destacadas del artista, el Guernica.

Dora fue retratada como uno de los rostros dolientes de la Guerra Civil española en 1937, la obra conocida como Mujer llorando que conserva en Tate Gallery de Londres es de estética plenamente cubista y sin embargo logra plasmar el mismo dolor y desgarro que el Guernica pero ésta vez, focalizado en la imagen de un solo personaje. Especial mención merece la boca y las manos que plasman la tensión de la dramática guerra fratricida. Son muchos los historiadores que asemejan los retratos de la joven con los campos arrasados por la guerra, como si de una metáfora de la destrucción del conflicto se tratase.

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De entre los lienzos inspirados por Dora Maar debemos destacar un retrato de 1938 que se conserva en el Museo Picasso de Paris y que representa la belleza de la musa de una manera sinigual. La obra sigue los parámetros de la estética cubista con formas geométricas y multiplicidad de puntos de vista a la vez que otorgan gran movimiento a la vez que posee una extraordinaria fuerza expresiva con colores brillantes que entroncan con la vanguardia expresionista. Picasso ha representado la belleza de su amante con elegancia y alegría pero sobretodo respetando las particularidades de la joven haciéndola reconocible.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX